Home Economía Comprendiendo a Keynes y V (una teoría fracasada)

Comprendiendo a Keynes y V (una teoría fracasada)

escrito por Arturo Taibo 2 mayo, 2010

DINEROEl primer problema de la Teoría de Keynes es que las crisis no se producen porque la gente, las empresas o los Estados ahorren demasiado sino porque se endeudan (o se apalancan como decimos los economistas) demasiado. Este endeudamiento produce un boom de prosperidad… aparente.

Más tarde o más temprano, y normalmente después de un periodo inflacionario, la gente y las empresas o los Estados no pueden endeudarse más porque no pueden obtener más financiación.

Normalmente, y hasta que se llega a ese punto, nadie ve nada malo, las cosas “van bien”. Cuando la gente o el Estado no encuentran más financiación o simplemente los bancos empiezan a quebrar, cuando falta el dinero, cuando la gente pierde su empleo es cuando todo el mundo ve los problemas.

Todo exceso de gastos lleva a que sectores o productos tengan un exceso de demanda (sobre el que hubieran tenido en circunstancias normales). Pero cuando se acaban los créditos su demanda cae, a veces drasticamente.

Productos que antes tenían un alto precio y una elevada demanda de repente no encuentran compradores y su precio se desploma. Las industrias que producían esos bienes o servicios empiezan a cerrar y el paro a aumentar.

La paradoja de personas sin empleo, mientras hay instalaciones sin producir y productos sin vender, es lo que llevó a Keynes a eleborar su Teoría. El pensó que simplemente aumentando la demanda las cosas volverían a su punto inicial.

Precisamente el segundo problema de Keynes es que no quiere ver ni entender que el problema surge desde el mismo momento en que el “dinero fácil” aparece en escena. El sólo quiere volver al momento dulce, cuando todo se vendía con facilidad y cuando las nuevas inversiones encontraban dinero barato.

¿Qué es el “dinero fácil”?

El “dinero fácil” es el que obtienen las personas o las empresas gracias a creditos dados en condiciones (tanto de garantías como de tipos de interés) que en una situación normal se rechazarian.
¿ Qué es lo que produce esa situación anormal que permite a la gente obtener créditos con pocas garantías y/o a bajos tipos de interés.?

Los Bancos Centrales pueden manipular los intereses a su antojo. En esa situación los bancos pueden ofrecer créditos a sus clientes a bajos tipos de interés.
Luego los bancos solicitan, con la garantía de esos créditos, otros préstamos al Banco Central, el Banco Central se los concede y así los bancos pueden disponer de nuevo del dinero y empieza una nueva ronda de créditos.

Estas rondas de créditos equivalen a una creación de dinero. El banco presta, por ejemplo, un millón de euros, con esos créditos se va al Banco Central, que los acepta como garantía, y consigue un crédito recuperando el dinero.
BCE
Y con ese dinero recuperado puede ofrece nuevos créditos. Como el Banco Central siempre está en condiciones de refinanciar al banco y además lo hace a unos bajos tipos de interes el proceso puede repetirse una y otra vez.

Los bajos tipos de interés (a veces incluso por debajo de la inflación) aumentan los créditos concedidos y la demanda.

Este aumento artificial de la demanda normalmente va dirigido a sectores muy concretos: acciones, automóviles, bienes inmobiliarios…

El aumento de la demanda tiene como consecuencia más empleos y mas beneficios empresariales que aumentan la confianza y hacen que se pidan y se concedan más créditos.

El aumento de la demanda también provoca el aumento de precio de los activos sobre los que se piden los créditos.

El aumento del precio activos hace que los bancos pidan menos garantías, al fin y al cabo como los activos son cada vez más caros los bancos pueden afrontar un impago con la garantía de que recuperarán incluso con ganancia el importe del crédito.

Los especuladores entran en acción: no hay mejor negocio que comprara un activo con un crédito con bajo tipo de interés sabiendo que el precio del activo va a subir mucho más.

Si tomamos en cuenta todos estos factores y como se retroalimentan entre ellos la consecuencia es un boom, normalmente centrado en unos pocos sectores, que se extiende al resto de la economía y que está basado en un aumento del crédito.
casas-inmobiliarias
Pero el “dinero fácil” siempre provoca inflación, a veces encubierta por el aumento de productividad u oculta en productos financieros o bienes inmuebles. La inflación tiene siempre un proceso endiablado: o se la alimenta continuamente o cuando se la quiere eliminar provoca una recesión. La inflación siempre acaba en hiperinflación o en una vuelta de los precios a su origen (o similares) y eso la mayoría de las veces tiene que pasar por una recesión.
Los aumentos de créditos son insostenibles en el tiempo. El constante aumento de la demanda que provocan acaba por producir una inflación creciente, puesto que no se producen suficientes bienes como para atender la demanda de los nuevos créditos. Si se mantienen los tipos de interés bajos y con cada vez mayor inflación el incentivo para pedir más créditos aumenta y con ello la demanda. Pero las economía ya tiene todos sus factores ocupados y no puede producir más: la hiperinflación es inevitable (a no ser que se dejen de conceder más créditos).

Así que toda expansión crediticia acaba necesariamente con una contracción crediticia hasta que el mercado del dinero vuelve al equilibrio. Todo boom acaba con una recesión.

A nadie le gustan las recesiones, pero especialmente a los keynesianos que no ven en ellas el proceso de ajuste de precios, demanda y oferta necesario para volver al pseudoequilibrio de una economía sana.

Además los keynesianos cuentan con dos procesos “mágicos” uno es que los trabajadores no reaccionan ante la inflación pidiendo aumento de salarios (vease los postulados iniciales de la Teoría) o por lo menos no lo harán hasta que se llegue al pleno empleo; el otro es el multiplicador.

Durante los años 50 y 60 del siglo pasado los “hechos empíricos” parecían demostrar esta teoría: había una correlación entre la inflación y el desempleo. A una mayor inflación menor desempleo. Como siempre en Economía los “hechos empíricos” no sirven de mucho sin una teoría detrás.

¿La inflación disminuía el desempleo? ¿El pleno empleo era lo que producía la inflación? ¿Había otra causa? ¿O simplemente era una correlación espúrea (casual, sin relación causa efecto)?

Los keynesianos enseguida gritaron: ¡¡Eureka!! . Que el aumento artificial de la demanda por los menores tipos de interés o por los gastos públicos produjese inflación no suponía ningún problema, todo lo contrario, así se acabaría con el paro y luego ya se solucionaría la inflación.

Pero a los trabajadores no pareció convencerles la Teoría, o se volvieron avariciosos, egoistas e insolidarios (¿Puede ser eso posible?). El caso es que empezaron a pedir subidas de sueldos a medida que los precios subían. El que con el mismo salario no pudiesen comprar las mismas cosas que antes, no les pareció aceptable, independientemente de que muchos de sus “compañeros” estuviesen en el paro. Defender sus “derechos” era lo primero, ellos no eran culpables del paro.
HUELGA
Apareció entonces el fenómeno de la estanflación, es decir elevada inflación con un paro también alto y persistente. Los keynesianos nunca han podido explicar este fenómeno que supone lisa y llanamente el fin de su teoría puesto que echa abajo uno de sus postulados: la flexibilidad a la baja de los salarios reales y su conclusión: la estanflación es imposible.

Había que buscar una solución, asi que acudieron a un fenómeno externo, en los 70 consiguieron que la crisis se llamase la “crisis del petróleo”. La subida del precio del petróleo era la justificación del fenómeno estanflacionario.

Pero esta justificación carece de base. Los keynesianos argumentan que la subida del petróleo desencadenó una inflación que nada tenía que ver con “su inflación”, la buena, la que generaba empleo.

La subida del petróleo no habría supuesto ningún problema si los salarios nominales se hubieran mantenido. Pero los trabajadores no estaban dispuestos a mantener su salario nominal mientras los precios subían y sus salarios reales disminuían. Y entonces se inició una espiral inflacionista. Si se intentaba frenar la subida de los precios subiendo los tipos de interés los negocios menos rentables acababan cerrando y así aumentaba el paro.

Entonces los economistas decían muy serios que “había que elegir” entre paro o inflación. O se seguían políticas deflacionarias (subidas de tipos de interés) y entonces aumentaba el paro o se elegía el pleno empleo y entonces había que convivir con la inflación.

Como nadie pedía ni por asomo una contención de los salarios entonces la culpa era del precio del petróleo y la “solución” que éste bajase de precio. Lo de echar la culpa a los jeques árabes o a conspiraciones internacionales funcionaba muy bien en aquella época.

Al final se tuvo que aceptar, aunque a regañadientes, que la Teoría keynesiana no funcionaba: no había manera de salir de la estanflación. Se aplicaron políticas antiinflacionarias que provocaron duras recesiones pero que al final consiguieron estabilizar los precios y generar empleo.
El aumento de la productividad permitió que los salarios tanto los nominales como los reales volviesen a subir.

Aunque el keynesianismo perdió una batalla en absoluto perdió la guerra, el Estado siguió aumentando su poder siempre con la excusa de que el mercado no cubría tal o cual necesidad.

Hablé antes de dos procesos “mágicos”, el otro era el del “multiplicador”. Nunca he entendido por qué las inversiones del Estado tienen el efecto de que todo el mundo aumente su consumo y su riqueza y en cambio si los gastos los hace el sector privado no suceda lo mismo.

Algo me he perdido, pero no comprendo como el tendero de la esquina o la cajera del supermercado diferencian el dinero procedente de un trabajador en una inversión pública y el de una privada. Nunca he oido una explicación, no digo una explicación convincente, sino una explicación. Todo lo que he leído es que si el Estado no hubiera hecho ésto o lo otro, nadie lo hubiera hecho.

Obviamente sólo unos pocos nos preguntamos lo que se hubiera hecho si el Estado no hubiese quitado a la gente el dinero.

El caso es que esos pequeños aumentos del gasto público que iban a generar un gran aumento de la demanda agregada no fueron tales. Y al final se necesitaron de grandes aumentos del gasto público para obtener limitados aumentos de la demanda agregada.

Los defensores de Keynes dicen que éste nunca propuso un aumento ilimitado del gasto y del déficit público. Pero el caso es que una vez el Estado empieza a meterse en los asuntos económicos, y además encuentra una justificación en la literatura económica, nunca para de encontrar motivos para hacerlo.

Tanto en épocas de crisis como en las de bonanza el Estado va aumentando su intervención en la economía provocando toda clase de ineficiencias, privilegios y señales equivocadas a la gente acerca de lo que valen los bienes y servicios. Todo este aumento del gasto público conlleva su correspondiente aumento de los impuestos. Pero aumentar los impuestos, aunque se intente justificar con demagogias baratas, acaba siendo impopular y el recurso al déficit se hace constante.

Los keynesianos son incapaces de comprender que la economía de un país o del mundo está compuesta de miles de mercados y que cada uno debe ajustarse continuamente. Ellos trabajan con agregados: demanda, IPC… Cuando surge una crisis su única idea es gastar más sin saber en qué. No saben qué mercado tiene que ajustar los precios a la baja y cual al alza.
La conclusión es que toda la sabiduría de los keynesianos se resume en mantener la demanda agregada alta gastando dinero. Pero como no pueden sustituir al mercado gastan a ciegas, movidos muchas veces por meros intereses electorales, cometiendo errores sistemáticos. Intentan enmascarar los gastos del estado recurriendo al déficit . Pero el déficit ahoga la inversión privada y si además insisten en bajar los tipos de interés están abocados la inflación.

Los keynesianos simplemente piensan que ellos son capaces de hacer las cosas mejor que el mercado, es decir mejor que el conjunto de las decisiones individuales de la gente. Da igual que sus postulados acerca de la flexibilidad de los salarios o del multiplicador hayan fracasado. Cualquier oportunidad de gastar dinero es buena y ellos saben en qué.

Que la manipulación de los tipos de interés cause burbujas financieras sólo ha supuesto que pidan más regulaciones.

El keynesianismo sobrevive por la imagen popular de que salvó al mundo de la Gran Depresión, cuando fue justo al contrario. Sobrevive por el mito de los años dorados del capitalismo ( 1950 – 1970) pero se olvida de las recesiones de los años 70 y de la estanflación con el mito de “la crisis del petróleo”.

El keynesianismo , Krugman, Stiglitz… llevan los útimos 10 años, desde la crisis de las punto com (2000–2002) ofreciendo las mismas recetas y subiendo cada vez más la apuesta.

En USA con un déficit del 10% del PIB y con unos intereses negativos el paro sigue en un estratosférico (para USA) 10% y sin visos de bajar. Y nadie quiere quitar los estímulos económicos porque entonces (se supone) vendría una catástrofe. ¿Cuánto tiempo podrá aguantar la economía USA con ese déficit?
El bueno de Krugman no pierde la moral y dice que lo que hay que hacer es aumentar el gasto del gobierno.

Las ideas de Keynes siguen vigentes por su sencillez y apariencia de eficacia, pero intelectualmente están muertas.
Los bajos tipos de interés no solucionan las crisis en todo caso las aplazan empeorándolas. Los gastos del Estado no tienen ese efecto multiplicador en la economía y acaban generando déficits que se vuelven insolubles. La intervención del Estado en la economía no es realizada por esos “hombres sabios” que preveía Keynes sino por políticos ávidos de poder y acaba generando ineficiencias y corrupciones.
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Pero sobre todo no es el libre mercado el que genera las crisis sino la intervención en los mercados, sobre todo en el mercado del dinero.
El keynesianismo sigue mandando en el mundo. Para salir de él tendríamos que desalojar a toda la clase política y mediática y a la mayoría de los economistas. Así que parece que solamente una crisis monstruosa podría acabar con él.

Pero, y luego ¿qué?

Espero que hayan comprendido a Keynes. Si tienen dudas ya saben: pregunten.