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Sobre la fragilidad de la memoria

escrito por Germanico 19 abril, 2010

Decía en mi último artículo en Libertad Digital que lo que caracteriza a la memoria no es tanto su fragilidad como su imperfectibilidad. La memoria no es un fiel reflejo del pasado: es un reflejo plausible desde nuestro presente punto de vista. Y mientras lo decía incurría en algunos errores que revelaban, en parte, la verdad de lo dicho. Mi conocimiento somero sobre la historia de la segunda guerra mundial me permite hacer afirmaciones sobre cuáles fueron las fuerzas enfrentadas, las ideologías subyacentes y cómo fue, grosso modo, el desencadenamiento, desarrollo y resolución del conflicto. No obstante no soy historiador, ni un profundo conocedor aficionado de todas las vicisitudes y circunstancias de aquellos años turbulentos, ni memorizador profesional, y menos aún testigo presencial de ningún suceso. De ahí que pueda, guiado por mi memoria semántica,-obviamente no la episódica- poner un nombre o fecha equivocados a un determinado evento. Eso es precisamente lo que hice al llamar “Pacto del Acero” al acuerdo secreto entre la Unión Soviética y la Alemania Nazi para repartirse Polonia. Un comentarista atento y sin duda mejor conocedor que yo de esta historia, me lo ha indicado amablemente.

Supongo que el que uno de los firmantes fuera conocido como Acero (Stalin) no sirve de excusa. No atribuyo sin embargo una excesiva importancia al error, puesto que lo fundamental de lo dicho no queda en entredicho, ya que he tomado el nombre de un pacto cercano en el tiempo y en la finalidad (no agresión), en el que se mantiene uno de los firmantes y, desde luego, un espíritu totalitario y beligerante común. Además, queda claro el hecho de que Hitler y Stalin pactaron repartirse Polonia, y que lo de Katyn vino después.

Menos importancia doy a que el nombre de la secretaria de Hitler en el bunker tuviera una “l” más o menos. Eso no cambia su condición de secretaria de Hitler, ni que escribiera después sobre lo que recordaba, ni que esto se ciñera mejor o pero a la realidad de lo que pasó.

Mi comentarista se equivoca en lo fundamental, aunque ponga en evidencia mi craso error en lo accesorio. La memoria no es una foto perfecta que el tiempo destruye, ni una fotocopia hecha una y otra vez hasta que su imagen se vuelve borrosa y confusa. La memoria se reconstruye cada vez que evocamos uno de sus recuerdos.