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Comprendiendo a Keynes (IV).

escrito por Arturo Taibo 12 abril, 2010

Estado de bienestar 2

Llegamos al nucleo duro de la teoría keynesiana. Habiamos dejado un mundo en depresión porque la gente no invertía todo lo ahorrado.
En la economía clásica nunca se podía llegar a esa situación por dos razones:

  • Los precios y salarios se ajustarían a la baja hasta estar en equilibrio con la nueva cantidad de dinero en circulación.
  • Los tipos de interés subirían haciendo “salir” al dinero de debajo del colchón.

    Respecto a lo primero ya vimos que Keynes considera los salarios inflexibles a la baja. Pero además aunque bajasen, según Keynes, eso sólo haría bajar (aun más) la demanda produciendose más cierres de empresas y un nuevo ciclo depresivo.

    En cuanto a los tipos de interés Keynes considera que no es la oferta y la demanda de dinero lo que los determina. Es al revés son los tipos de interés los que determinan el ahorro y la inversión.

    A cada tipo de interés le corresponde un nivel de ahorro, inversión y ocupación.

    Bueno…¿Y de qué depende el tipo de interés?

    Pues de la psicología del mercado. Sí han leido bien.

    Pero oigamos a Keynes:

    “Es evidente, pues, que la tasa de interés es un fenómeno altamente psicológico.”

    Y sigue:

    “Cualquier nivel de interés que se acepte, con suficiente convicción, como probablemente duradero, será duradero…”

    Desde luego la lógica de Keynes es profunda.
    Federal_Reserve
    Pero Keynes ve un problema:

    ” (el tipo de interés)..puede fluctuar durante décadas alrededor de un nivel crónicamente demasiado alto para lograr la ocupación plena, particularmente si prevalece la opinión de que la tasa de interés se ajusta de forma automática, de manera que se crea que el nivel establecido por el convencionalismo se base en razones mucho más fuertes que éste mismo; ya que de ningún modo está asociado en la mente del público o de las autoridades el hecho de no poder lograr un nivel óptimo de ocupación con la vigencia de un conjunto inadecuado de tasa de interés.”

    Como ven Keynes es un maestro de los razonamientos circulares. Los tipos de interés son los que son porque la gente piensa que si debieran ser otros ya habrían cambiado porque se ajustan atomáticamente. Evidentemente el hecho de que a un determinado tipo de interés nadie quiera prestar dinero o tomarlo prestado es irrelevante.

    Pero en base a esta idea de que los tipos de interes son inflexibles a los cambios de preferencia por la liquidez Keynes empieza a llevarnos por un camino muy particular.

    Si los tipos de interés son demasiado altos como para llevarnos al pleno empleo entonces:

    “El único alivio puede venir de un aumento en la cantidad de dinero…”

    ” la desocupación prospera porque… el dinero es algo que no puede producirse…”

    Y aquí llega la magia del maestro:

    “No queda más remedio que persuadir al público que el queso verde es prácticamente la misma cosa (que el dinero) y poner la fábrica de queso (es decir, el banco central) bajo la dirección del poder del político.”

    O pensaban de verdad que la idea del control de los tipos de interés se basaba en alguna secreta fórmula o un complicado razonamiento. No señores simplemente si los tipos de interés no se ajustan a lo que consideramos razonable para conseguir el pleno empleo ponemos “la frábrica de queso verde” a funcionar.

    Más todavía:

    “El hecho de que el mundo sea tan pobre en bienes de capital es debido… a las altas primas de liquidez… que tiene ahora el dinero.”

    El problema no es de ahorro, es de tipo de interés, y para eso los políticos deben tomar el control de “la fábrica de queso verde”.

    Pero ¿Por qué no invierten los empresarios? ¿Por qué guardan el dinero los hombres de negocios?

    ¿Lo adivinan? Bueno los hombres de negocios no invierten, en realidad, para ganar dinero.

    “Si la naturaleza humana no sintiera la tentación de probar suerte, ni satisfacción (abstracción hecha de la ganancia) en construir una fábrica, un ferrocarril, una mina o una hacienda, no habría mucha inversión como resultado simplemente de cálculos fríos.”

    Los hombres de negocios invierten por fogosidad.

    “Quizá la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo positivo (invertir) sólo pueden considerarse como resultado de la fogosidad.”

    La rentabilidad no es la causa puesto que no se puede calcular de antemano.

    “En realidad la tarea de prever los rendimientos probables de los bienes (de capital) se basa en un cálculo tan exacto como el que se pueda hacer de los beneficios de una expedición al Polo Sur”

    Vamos a resumir toda esta doctrina (aquí ya no hay siquiera razonamientos):

    Los tipos de interés son los que son porque la gente cree que si tuviesen que cambiar ya habrían cambiado.

    Los tipos de interés pueden, y de hecho así lo hacen, permanecer mucho tiempo a niveles tan elevados que no sea rentable invertir.

    La oferta y demanda de liquidez (de dinero) no influye en los tipos de interés.

    Los hombres de negocios no invierten por un cálculo de futuros beneficios, cálculo éste por lo demás imposible, sino por cuestiones de probar suerte, fogosidad, instinto de manada (“animal spirit”) o razones personales (no económicas).

    Todo depende de las “expectativas” de los hombres de negocios y del público.

    Es cierto que Keynes recomienda la política monetaria (fijar los tipos de interés) por parte de los bancos centrales, eso sí controlados por los políticos. Pero con un cierto escepticismo.

    Keynes no es ni mucho menos tonto, sabe que unos tipos de interés bajos facilitarán el consumo y la inversión y por tanto conseguir el objetivo de pleno empleo. Pero también sabe que no se puede obligar a la gente a consumir o invertir. De hecho, ya que los tipos de interés no pueden ser negativos, cuanto más bajos sean los tipos de interés menor será la expectativa de una bajada.

    Cuando los tipos se acercan a cero (¡como ocurre ahora!) ya no hay más bajadas posibles y si entonces no se reanima el consumo y la inversión se entrará en la denominada “trampa de liquidez”.

    La “trampa de liquidez” (situación en la que está todo el mundo desarrollado ahora) es la situación en que la política monetaria ya no puede “empujar” al consumo o a la inversión porque ya todo el mundo ha asumido los tipos bajos y que estos no van (porque no pueden) a bajar más.
    La política monetaria ya ha sido “descontada” por el público. En cambio una subida puede ser muy peligrosa (desde la óptica keynesiana) porque si con unos tipos bajísimos la gente no gastaba ¿Qué sucederá si se suben?

    Pero anticipando este problema Keynes llega a la siguiente conclusión:

    “Espero ver al Estado, que está en situación de poder calcular la eficiencia marginal de los bienes de capital a largo plazo sobre la base de la conveniencia social general, asumir una responsabilidad cada vez mayor en la organización directa de las inversiones… ya que las fluctuaciones serán demasiado grandes para contrarrestarlas con alguna modificación factible de la tasa de interés.”

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    Además estas inversiones estatales tienen una fabulosa facultad: el multiplicador.

    El multiplicador de la inversión es el nombre que recibe el hecho de que una inversión no sólo tendrá un efecto positivo en la creación de empleo directo, sino que además, la demanda de los nuevos trabajadores generará más empleo hasta multiplicar la renta por una cantidad que dependerá de la propensión marginal a consumir, a mayor propensión a consumir mayor aumento de la renta (y del empleo) producirá la inversión inicial.

    El resultado es que con cantidades no muy importantes de inversión se producirá un importante aumento del empleo y la renta.

    “Si la psicología de consumo de la sociedad es tal que ésta decide consumir nueve décimas partes de su incremento de ingreso entonces el multiplicador sería de 10 y la ocupación total producida por un aumento de las obras públicas, será de diez veces mayor que la ocupación primaria proporcionada por éstas… suponiendo que no haya una reduccción en las inversiones en otras direcciones.”

    Sólo una cosa más. ¿Inflación? No hay que preocuparse.

    Aunque el aumento de la demanda (política monetaria laxa, inversiones públicas) aumente los precios, los trabajadores no pedirán aumentos de sueldo (recuerden los postulados o condiciones de partida), la inflación sólo aparecerá en el momento que haya pleno empleo, cuando ya no sea posible mantener los salarios congelados.

    Ni grandes “misterios”, ni formulas secretas, ni nuevas teorías, esto ya estaba escrito y publicado así de claro hace 74 años.

    Recapitulemos:

    Las personas y empresas ahorrarán, inevitablemente, más de lo que consumirán o invertirán.

    Aparece entonces un desequilibrio que genera una espiral recesiva y posiblemente deflacionaria.

    Los tipos de interes no reaccionan ante la oferta o demanda de dinero y serán muy altos como para poder posibilitar una recuperación.

    El Estado debe intervenir para bajar los tipos de interés y “animar” el consumo y la inversión.

    Los empresarios son incapaces de prever la futura rentabilidad de los negocios e invierten por motivos psicológicos.

    Entonces se puede llegar a una situación en que la politica monetaria (bajos tipos de interes) no tenga efectos en la psicología de público ni de los hombres de negocios y éstos no consuman ni inviertan lo deseable para terminar con el paro.

    Finalmente sólo queda la intervención directa del Estado en la inversión puesto que este conoce la rentabilidad de las inversiones en base a la “conveniencia social general”, sea esto último lo que sea, y así volver a una situación de pleno empleo.

    Corolario:
    Los mercados son intrínsecamente ineficientes, inestables y caprichosos a la hora de distribuir la riqueza y de generar una inversión suficiente para llegar al pleno empleo.

    La política monetaria es necesaria pero no suficiente.

    Sólo la intervención directa del Estado en la inversión, basado en la conveniencia social, puede mantener una situación de equilibiro con pleno empleo.

    Estamos ante el Libro Gordo de Petete de toda la progresía mundial, aunque no lo hayan leido, que ya sabemos que estos economistas son unos plomazos y no vamos a perder el tiempo.

    Supongo que muchísimas cosas de las que han leido les sonarán en la política actual. Bajos tipos de interés, inversiones basadas en la “conveniencia social general” (plan E, subvenciones fotoeléctricas, subvenciones a coches eléctricos y de los otros, subvención al carbón nacional…), necesidad de más Estado, más impuestos, más control sobre la banca, campañas para “animar a la gente”…

    Pues todo esto tiene su justificación “científica” en la Teoría General de Keynes. Luego esto se ha impartido en las Facultades como las Tablas de la Ley de la Economía, hay costras de Catedráticos que la única economía que conocen es ésta, miles de economistas han salido “de fábrica” con estas ideas que han influido a políticos y periodistas que se retroalimentan. Y dado que toda esta Teoría justifica la intervención estatal en prácticamente todo, pues ha resultado bendecida por (casi) todos los políticos y vuelta a empezar: economistas, políticos, periodistas, opinión pública…

    Saludos, en la próxima y última entrega entraré en una crítica (espero que clara y divertida) de la Teoría General que es tanto como criticar, tal y como están ahora las cosas, a la Economía como Ciencia.

    PD: Unas 500 personas deben seguir esta pequeña tesis sobre la teoría keynesiana, o somos muy buenos escribiendo o seguro que habrá alguna duda. ¡Venga no seais tímidos y preguntar algo o decirnos que somos un coñazo o algo!!!