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Desde la ceguera antropocentrista al ecofascismo

escrito por Luis I. Gómez 30 marzo, 2010

Camillo Pellizzi, uno de los pensadores guía del fascismo italiano y el último presidente del “Instituto Nazionale di Cultura Fascista” escribía en 1924 en su “Problemi e realitá del fascismo” (Florencia, 1924, p. 21):

“Momentáneamente nosotros  no concebimos el estado ni como una asociación de individuos-ciudadanos, ni como un semicontrato que se habría cumplido en el curso de la historia. Pero, si hubiera que designar a esta institución, nosotros la veríamos como la concrección de una personalidad histórica predominante, como el intrumento sociaol utilizable para la realización de un mito…

… Esta palabra, Estado, es inaplicable a nuestro concepto; en nuestro no-estado, la ley es una función del mito final, no del mito inicial; y la meta final no podrá dejar de ser, a su manera, una nueva unidad de los mitos anteriores”

La acción política en función del mito. El mito como motor no sólo de un proyecto de futuro, sino de la historia misma. El mito fascista era el del imperio justo. El de la clase única. El de la superación de la democracia liberal y el comunismo transigiendo la realidad. El de la felicidad eterna suministrada y administrada por el pueblo para el pueblo.

geological_time_3Para alcanzar esas metas se dota al Estado de los instrumentos institucionales y legales necesarios para lograr el objetivo de todos. El mito final es el mito de todos. Ha de serlo. Y quien no abrace la fe en ese mito final abandona el marco de la ley y se convierte en proscrito sin derecho a la protección del Estado. Es perseguido.

Me asusta la facilidad con la que los humanos caemos, una y otra vez, en los mismos esquemas tantas veces demostrados como erróneos. La facilidad con que nos abrazamos a cualquier falacia proclamada en primera persona del plural. El estado de enamoramiento ciego en que caemos cada vez que se nos presenta un mito nuevo capaz de asegurarnos la felicidad …. eterna? De todos? La propia?

La felicidad de quienes asaltaron el Palacio de Invierno pasaba por la destrucción de la aristocracia opresora, el reparto de bienes y la recuperación de la dignidad personal. Terminó en burocracia opresora, reparto de pobreza y muerte en gulajs. La felicidad de quienes votaron a Hitler o Mussolini pasaba por la recuperación de la grandeza de sus naciones, el dominio de la propia raza y la paz universal en brazos de la seguridad del estado. Terminó con una Europa destrozada, millones de muertos por ser diferentes y una de las guerras más duras jamás librada entre humanos.

Hoy tenemos un nuevo mito: la felicidad en armonía con nuestro planeta. El equilibrio perfecto entre acción humana y reacción natural. La consolidación de una nueva forma de vida que nos permita vivir eternamente de los recursos que la naturaleza nos ofrece. Desde la igualdad y la responsabilidad, por supuesto. Esta vez sí, todos juntos, sin distingos de naciones, desde una óptica global y un solo Estado para todos. Y todo por el precio de apenas un puñado de monedas.

Para alcanzar el nuevo mito han de adaptarse las estructuras del “estado” y desarrollar nuevas leyes en función del mismo. Nacen dos nuevos conceptos sobre los que articular el nuevo mito: el estado sostenible y la sociedad en equilibrio.

Los revolucionarios rusos, abandonados a su mito, olvidaron que el poder no se reparte y acabaron sindo víctimas de aquellos que supieron hacerse con él. Los nacional-socialistas olvidaron, abrazados a sus símbolos en orgía colectivista-patriótica, que jamás los hombres han sido iguales y que la muerte derramada para hacer realidad su sueño solo podia tener una consecuencia: más muerte; la propia, a manos de cualquier otro.

Quienes pretenden convertir la “neutralidad ecológica” en nuevo motor de la acción política olvidan que el aparente equilibrio que observamos en la naturaleza nace de su dinamismo, no de su inactividad. Olvidan que la capacidad de superviviencia de una especie no radica en su sumisión al medio, sino en el aumento progresivo de su efectividad a la hora de resolver inconvenientes. Olvidan que, esclavos como somos de nuestras limitaciones perceptivas, somos incapaces de autosituarnos como especie en el contexto temporal del universo que nos rodea, excepto si lo hacemos desde lo que creemos saber. Olvidan, desde su autoenamoramiento antropocéntrico, que apenas somos un parpadeo en la historia de la vida. Olvidan …

Pero sobre todo olvidan que el poder no se reparte, y terminaremos siendo víctimas de aquellos que sepan hacerse con él. Olvidan que no todos pensamos igual y no les quedará más remedio que terminar encerrando o matando a quienes no crean en su mito. Olvidan que somos lo que somos: humanos.

Al paraíso no se llega por ley o por imposición (de qué paraíso me están hablando?) Al paraíso, si cabe, se llega errando y aprendiendo. Y errar y aprender, eso solo es posible en libertad.