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Climategate: De Trofim Lysenko a Phil Jones

escrito por Burrhus el elefante neocon 25 noviembre, 2009

Me duele profundamente este escándalo. No estoy siendo cínico. Reconozco la herida. No es por las valoraciones personales que Jones, Mann y otros se han atrevido a hacer de oponentes suyos. Creo que cuando estamos en privado podemos tener una serie de opiniones negativas sobre otros a los que más relajadamente podemos contemplar como simples adversarios. No estoy así por estas pequeñas miserias humanas.

Es por la manipulación de la ciencia. Es imposible no obviar los contenidos científicos de los mails, por muy ilegal que haya sido su difusión (algo incuestionable). De confirmarse los detalles hasta los últimos extremos, podría suponer para el Climate Research Unit un varapalo del que difícilmente se recuperarían. Todo ésto no quiere decir que la teoría del calentamiento global antropogénico quede totalmente descartada. Ni mucho menos. Pero sí es cierto que sus defensores están a dos pasos de perder un bastión muy importante, si es que no lo han perdido ya.

He tratado de leer con mi manifiestamente mejorable inglés el contenido de las respuestas de Phil Jones y sus colegas del CRU. En ella, Jones afirma que:

We are, and have always been, scrupulous in ensuring that our science publications are robust and honest.

No se trata únicamente de respetar los datos. Se trata de respetar los procedimientos. La metodología. La estadística. De que estás intentando hallar la verdad. Si ganas, ganas. Si pierdes, pierdes. En ciencia sólo valen la genialidad y la sutileza para un experimento en el que se quiere hallar relaciones causales, no para elaborar resultados. Permítanme un ejemplo: En lugar de hacer mediciones en las ciudades puedes hacer las mediciones a través de satélites. Lo que no puedes hacer es coger los datos y, sin tocarlos, retorcer los métodos estadísticos o las muestras para que te den el resultado que tú esperas. Las mediciones deberían ser sencillas: Sumar todos los datos y hacer las medias y pruebas de fiabilidad y validez pertinentes, así como demás estadísticos útiles y no demasiado enrevesados (si no hay justificación). Si sale A, pues A. Si es B, B. Coger 2/3, 3/4 o nueve décimas partes de la muestra, salvo que los datos restantes sean nulos (errores a la hora de tomar la muestra, por ejemplo) para que te dé A en lugar de A/2, es trampa. Y sigue siendo trampa aunque no hayan sido publicadas en una revista con peer-review. O en un congreso. O en clase. O que te hagas trampas jugando al solitario, no quiere decir que no sea trampa. La ciencia no se puede permitir trampas. De ahí la necesidad de poder tener disponibilidad de los “datos en crudo”: la replicación.

El halo de sospecha que se ha generado con estas filtraciones no permite al mundo científico permanecer impasible ante estos hechos, independientemente del “bando” al que pertenezca. Por citar sólo a dos:

George Monbiot, conocido por paridas inimaginables contra el CO2 que emiten los aviones, ha escrito:

Yes, the messages were obtained illegally. Yes, all of us say things in emails that would be excruciating if made public. Yes, some of the comments have been taken out of context. But there are some messages that require no spin to make them look bad. There appears to be evidence here of attempts to prevent scientific data from being released(2,3), and even to destroy material that was subject to a freedom of information request(4).

Worse still, some of the emails suggest efforts to prevent the publication of work by climate sceptics(5,6), or to keep it out of a report by the Intergovernmental Panel on Climate Change(7). I believe that the head of the unit, Phil Jones, should now resign. Some of the data discussed in the emails should be re-analysed.

Y Hans Von Storch también ha hecho un llamamiento a repensar la ética de los científicos:

The scandal around the stolen CRU-mails is rolling on; the interest, as documented by traffic on the internet is enormeous – and likely the damage done to the credibility of climate science by the unfortunate writing by Phil Jones and others as well. But inspite of this, one can interpret the whole affair also in positive way – namely that science was strong enough to overcome the various gatekeeping efforts, even it may take a few years. The self-correcting dynamics in science is robust and kicking. And the practice of allowing our adversaries to use our data (after a certain grace period) will become finally common.

We need to publically discuss the ethical norms, science is to operate under. Obviously, science can not define itself which these norms should be, but this is a task for society at large – who pays for the efforts and is looking for utility of science.

Me interesa más la profundidad de Von Storch que el arrebato de sensatez de Monbiot. He estado pensando las posibles razones que motivan a que científicos con una preparación incuestionable puedan acabar cometiendo pifias de semejante calibre. Orgullo. Prejuicio. Codicia. Que cada cual escoja la que quiera, pero debe saber que los sentimientos humanos son inmutables. Los científicos van a tener que trabajar muy duro para detectar todos los fallos de su sistema y tratar de mejorarlo. Yo me conformo con que la ciencia sea ciencia y no política.

Un error imperdonable de para cualquier científico es pretender que su trabajo sea el marco para el Derecho. El científico no puede brindar al político un marco para que implante una ley. Es el político el que debe ponderar todos los datos que tiene y, a partir de ahí, tomar sus decisiones. El siglo pasado la Historia nos dio una espantosa lección al respecto a través de la vida de Nikolai Vavilov.

joneslysenkoEl genetista ruso las pasó realmente canutas hasta el día de su muerte por culpa de un pseudocientífico llegado a político como Trofim Lysenko. Vavilov defendía la investigación y los avances de la genética en el ámbito de la agricultura, mientras Lysenko daba un aire marxista/lamarckista a sus presuntos hallazgos. ¿Quién ascendió rápidamente? Lysenko. ¿Por qué? Porque sus teorías se adaptaban mejor al régimen político (de Stalin) de la época. ¿Y qué hizo Lysenko? Eliminar a todos aquellos que podían discutir sus teorías. Hablo de memoria, pero creo que Stephen Jay Gould lo calificó como el mayor fraude a la ciencia de la historia del siglo XX.

Los paralelismos están ahí: Desprestigio de la competencia, falsificación de estudios, relaciones con el Estado y destrucción de datos. Bien es cierto que con infinitamente menos sangre, fraude en los estudios de un modo mucho menor y probablemente inocente (en el sentido de “pardillo”), sin cargos políticos de relacionados con la censura de por medio y con cobertura legal justificada para la eliminación de datos. Pero ahí está. En 60 años de historia, la ciencia de la manipulación de la ciencia ha mejorado muy significativamente. En sutileza. Al menos los científicos de hoy sí tienen libertad para decir lo que realmente piensan.