Home Economía Molinillos

Molinillos

escrito por Ijon Tichy 6 noviembre, 2009

Ayer apareció en El País un titular relativo a la generación eólica de electricidad:

“Nuevo récord eólico al superarse el 40% de la producción eléctrica durante la noche”

Que ya en la primera línea se contradice a si mismo al afirmar:

“Entre las 00.40 de anoche hasta las 6.20 de la mañana, la energía eólica ha aportado más del 40% de la demanda eléctrica del país…”

Expliquemos un poco en que consiste la contradicción (ojo a las negritas, ¿qué fue lo que supuso un 40%, lo producido o lo demandado?), pues casualmente el periodista ha puesto el dedo en la llaga del principal problema que ocasiona el abuso eólico que padecemos.

La energía eléctrica no se almacena, como mucho se puede transformar en otro tipo de energía, por ejemplo, energía potencial electroquímica (baterías) o potencial gravitatoria (presas de bombeo).

cultivando-molinosPor ello, la producción eléctrica, debe ajustarse todo lo posible a la demanda (el consumo) y eso, como puede comprenderse fácilmente es bastante complicado. Las centrales de producción deben subir y bajar carga adaptándose a los consumos en cada instante.

Pero hay más, algunos productores, los del llamado régimen especial (en el que se encuadran cogeneraciones y renovables), además de las ventajas económicas ya conocidas del sistema de primas, tienen preferencia en el acceso a la red. Es decir, no se adaptan al consumo, sino que producen todo lo que pueden según por donde les dé el aire o lo que brille el sol y la red tiene obligación de “tragárselo”.

Las centrales del régimen general se deben adaptar entonces a las subidas y bajadas del consumo pero con la dificultad añadida de unos productores “con preferencia”. Cuando tales productores preferentes son un pequeño porcentaje del total, la adaptación es relativamente fácil, pero cuando los “enchufados” son una parte significativa del parque de generación, los problemas son obvios, tanto por exceso como por defecto.

Uno de los casos (el exceso de producción respecto a la demanda) se cita por encima en el artículo citado. Supongamos que es de noche y la demanda baja y baja. A la vez, sopla el viento y la producción eléctrica del parque de molinillos sube y sube. Debido a la preferencia en el acceso citada antes, las centrales convencionales tienen que bajar carga a sus mínimos técnicos e incluso desconectarse de la red. En determinados puntos, puede ocurrir que ni por ésas la red se estabilice (exceso de producción frente al consumo) y hay que dar salida a los kWh de más producidos por los molinillos. Aquí entran las centrales hidroeléctricas reversibles, aquéllas que tienen un embalse en cota superior y otro en cota inferior. Cuando funcionan como productoras, el agua pasa del embalse superior al inferior a través de la turbina y se genera electricidad. En horas nocturnas cuando la red tiene exceso de producción las turbinas pasan a trabajar como bombas “empujando” el agua de vuelta desde el embalse inferior al superior. La energía eléctrica se transforma en energía potencial gravitatoria y viceversa.

Estupendo ¿no? Al menos así se lo debe parecer al lector no especialista: Lo que se produce de más de noche se consume de día y todos contentos. Pues resulta que no es tan estupendo. Las transformaciones energéticas nunca son perfectas (cosas de la entropía). Entre las pérdidas mecánicas en la turbobomba, el rendimiento termodinámico de las dos transformaciones energía potencial —> energía cinética —> energía eléctrica y viceversa, los rozamientos en la tubería que comunica los embalses y las pérdidas eléctricas, tenemos que de cada 100 kWh que llegan por la noche a la turbina actuando como bomba, apenas se recuperan la mitad, 50 kWh al día siguiente. El coste de estos kWh de subeybaja se ha duplicado. Pequeño detalle prosaico que se suele obviar cuando se habla de estas cosas.

También puede ocurrir que la producción de esos molinillos que estaba inundando la red, incluso haciéndola rebosar, se venga abajo de repente, y como a nadie le gustan los apagones, hay que estar al quite. Naturalmente, tan desagradable  misión le corresponde a las centrales del régimen general, en particular los ciclos combinados de gas natural (y alguna de las térmicas de carbón), que se mantienen a baja carga por debajo de su capacidad, incluso “al ralentí”, desconectadas de la red, pero calientes, con todo su personal y maquinaria dispuestos a entrar en juego si el viento deja de soplar (la llamada “potencia rodante”). Esta potencia en espera, naturalmente también es un coste que hay que pagar (que pagamos o pagaremos, no os quepa duda).

Todo esto, cuando los molinillos son una parte pequeña del total supone un pequeño inconveniente que más o menos se puede sobrellevar, pero una vez superado un cierto límite (variable en función de las características de consumidores y generadores y la topología de la red en cada zona), el perjuicio que ocasiona al sistema la sobreabundancia de molinillos es considerable.

A pesar de lo arriba expuesto, debo decir que no soy un detractor de los molinillos en general (sí que lo soy del timo fotovoltaico, como quedo claro en varias entradas hace algún tiempo). La disminución hoy día conseguida de los costes de inversión por kW instalado, así como la mayor eficiencia del aprovechamiento del recurso mediante el diseño mejorado de los álabes en los molinillos más modernos, resultan en unos costes de producción cercanos a los de las centrales convencionales. Con una prima relativamente razonable (esto es una opinión personal) del 20% ó el 30% (nada que ver con el derroche fotovoltaico que alcanzaba órdenes del 800% como ya vimos), los molinillos pueden homologarse al mercado convencional y ayudan a disminuir el consumo de preciosos combustibles fósiles (a mí entender esto justifica la prima). Siempre claro está que no se abuse de su instalación, pues en ese caso, esa duplicación de costes debida al bombeo que explicábamos arriba y el gasto de la potencia rodante deberían atribuirse al molinillo, disparando el coste del kWh generado.

En resumen, molinillos sí, pero en su justa medida. Medida que en ningún caso puede llegar a las cifras citadas en el artículo del 40% del consumo. Contrariamente a la impresión superficial que deja la lectura del artículo, una generación eólica del 40%, por muy puntual que sea, no es ningún chollo, sino la constatación de un problema técnico y económico muy grave.