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Hispanoamérica: La utopía regresiva, ahora en las ciencias.

escrito por Luis I. Gómez 5 octubre, 2009

En las primeras líneas de La Ciencia, su método y filosofía, Mario Bunge escribe:

“Mientras los animales inferiores sólo están en el mundo, el hombre trata de entenderlo; y sobre la base de su inteligencia imperfecta pero perfectible, del mundo, el hombre intenta enseñorearse de él para hacerlo mas confortable. En este proceso,  construye un mundo artificial: ese creciente cuerpo de ideas llamado “ciencia”, que puede caracterizarse como conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y por consiguiente falible. Por medio de la investigación científica, el hombre ha alcanzado una reconstrucción conceptual del mundo que es cada vez más amplia, profunda y exacta”.

Hay otras, muchísimas definiciones de ciencia; sin embargo, las palabras del argentino Bunge – Frothingham Professor of Logic and Metaphysics de la Universidad McGill  de Montreal – resumen de manera inequívoca el proceso que a lo largo de siglos ha experimentado el conocimiento científico para ir estrechando las incertidumbres humanas sobre su mundo próximo, un proceso que se afianza con el racionalismo y el empirismo, consolidándose con la  Ilustración  e institucionalizándose con la Modernidad.

La Revolución Industrial se valió de la reconstrucción  intelectual del mundo para extenderse, ganar eficiencia y ampliar horizontes. El modelo capitalista se apalancó en las ciencias para cumplir su sitius, altius, fortius y retroalimentó a la investigación científica en un camino de acumulación y progresión.

Hasta ahora.

cienciaandinaEl relativismo posmoderno, sumado al anticapitalismo rampante han prohijado el repudio a la ciencia y de la mano de utopías regresivas se imponen desde revivals druídicos a celebraciones Feng-shui, en una mezcolanza que suele servirse en bandejas ilustradas con el retrato del Che, con protestas violentas incluídas si se trata de reuniones del G-8, del G-20, de la Ronda de Doha, o de cualquier meeting que represente al odiado aunque elusivo Establishment.

América Latina, que ha decidido colectivamente ponerse la camiseta del anticapitalismo, ha abrazado con fuerza las miradas anticientíficas. Bolivia en cierto sentido es la abanderada del utopismo regresivo, abre caminos sin temor al ridículo: basta recordar que Evo Morales horas antes de su inauguración presidencial subió a las cumbres andinas para recibir la bendición de los Mallkus y chamanes indígenas para que le aseguraran una buena gestión. Y no fue un gesto aislado, este año declaró feriado nacional inamovible el Willkakuti para celebrar el retorno del sol cada 21 de junio.

Con estos antecedentes no sorprende lo ocurrido durante el 2° Foro Regional sobre Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación que se realizó en Buenos Aires entre el 23 y 25 de septiembre pasado, bajo auspicio de la UNESCO con el objetivo de debatir los compromisos asumidos por los países participantes  en la Conferencia Mundial sobre la Ciencia de Budapest.

En ese escenario, el viceministro de Ciencia y Tecnología de Bolivia, Roger Carvajal Saravia reclamó “ajustes conceptuales” sobre la definición de ciencia, para preguntar después si “¿acaso es ciencia sólo el conocimiento adquirido por el método científico?”, un rodeo discursivo necesario para aseverar enseguida que “el conocimiento indígena está marcando nuevas rutas de acceso al conocimiento y a su uso y aplicación.”

Entre las genialidades que el boliviano atribuyó a sus ancestros y hoy pide recuperar, está el procedimiento de cultivos –una semilla, una planta explicó- que opuso al cultivo intensivo actual, obviamente perversa creación del capitalismo y de Occidente.

La cuestión hubiera quedado fácilmente encapsulada como un arrebato indigenista, si no hubiera sido el propio anfitrión del Foro, el ministro argentino de Ciencia y Tecnología Lino Barañao quien en lugar de enmarcar la discusión dentro de la racionalidad celebró “el rescate de los conocimientos de los pueblos originarios,” curiosa visión del funcionario de un país que si se mantiene a flote es exclusivamente por el caudal de divisas que le provee la producción agropecuaria fundada en tecnologías innovadoras de bioingeniería, agroquímica y el desarrollo de maquinarias y técnicas cada campaña más eficientes.

Las perspectivas que abre el “rescate” del saber originario es enorme. Da escalofríos de pensar el aporte en la medicina, por ejemplo. Pero como en la conferencia se habló de agricultura, es suficiente pensar que por el camino propuesto, será hora de olvidar los rindes astronómicos por hectárea, las técnicas de riego artificial y siembra directa, o las modificaciones genéticas de las semillas, a favor de la producción artesanal, el ruego a la Pachamama, o en el caso de sequías prolongadas, las ofrendas humanas en las sierras de los Andes, como las que con ayuda de los repudiados científicos occidentales se hallaron en el salteño volcán de Llullaillaco.