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Agresores, víctimas, usted y yo.

escrito por Luis I. Gómez 3 octubre, 2009

brave-new-worldCreo recordar (parafraseo de memoria) que fué Hayek el primero en manifestar que los intelectuales son generosos estatistas porque dependen mayoritariamente de los impuestos que todos pagamos. Doy gracias a Gaia de saber que la inmensa mayoria de los comentaristas de este blog no son intelectuales ávidos de libar en el tarro de los fondos que el estado nos roba a todos para redistribuírlo según le parece al burócrata de turno. Les había prometido algunas aclaraciones al calor del intenso debate generado por el artículo que escribí sobre la detención de Polansky. Me pongo en ello.

Lo primero que me gustaría hacer es dejar un par de ideas claras:

  • Considero que Polansky sí cometió un delito de violación
  • No he considerado en el artículo -en ningún momento- mi posición particular sobre el asunto
  • Me he limitado a denunciar la total falta de consideración de la voluntad -sea cual fuere- de la vícitma

La víctima? De qué nos hablas, Luis? Aquí lo que interesa es el violador! Saca la soga, que Lynch sabía lo que hacía! Menos mal que la mayoría de ustedes no han caído en tales argumentos, lo cual demuestra la madurez de quienes aquí leen y comentan. No ha faltado, claro, quien ha pretendido sentar “su cátedra” en estos mis reales. Y no sólo a cuento de Polansky.

En otro artículo, esta vez de mi amigo Germont, se hablaba de recuperar los valores que este sistema que nos toca sufrir ha dejado de representar. Ello dió pié a más de uno para intentar acusar a Germont y a quien les cuenta esto de revisionistas, machistas, medievalistas feudales o, incluso, homínidos del áfrica oriental. Son los que se niegan a ver cualquier quantum de verdad en nada que no sea la inmensidad de su sabiduría. Les cuento esto porque la idea de Germont me sirve de acicate para tomar carrerilla:

Permítanme que comienze por el principio. Cuáles son las principales necesidades del estado moderno? En qué orden de prioridad?

  1. Asegurar la propia seguridad (Policía, Ejército, servicios secretos)
  2. Asegurar su viabilidad económica. (Agencias de recaudación de impuestos)
  3. Mejorar la economía, para poder obtener mejores resultados de la recaudación de impuestos.
  4. La justicia. Fundamentalmente orientada a la inculpación de quienes atentan contra las leyes dictadas por el estado para proteger su seguridad y su economía
  5. Educación. Siempre son necesarios mejores burócratas y más fieles administrados
  6. Asuntos sociales. Es importante mantener tranquilos en casa a quienes vía intervención del estado se ha condenado a la pobreza y la necesidad
  7. Cultura. Tranquilos y satisfechos de haberse conocido.

Me olvido de algo?

State+Violence+State+ControlNo, el estado moderno, el que nos toca vivir, no defiende nuestros intereses y su labor de “protección” no es mejor ni peor que la que podríamos experimentar poniéndonos en manos de un siciliano armado cualquiera.

Cuando escribo defendiendo el derecho de una víctima a perdonar a su agresor no lo hago desde el deseo buenista de que todas las vícitmas perdonen a sus agresores. No lo hago desde la miopía de un sueño anarquista irrealizable. No lo hago para dejarles a ustedes todos indefensos ante los criminales. No lo hago para ensalzar la impunidad. No lo hago para regresar al ojo por ojo. Pero tampoco lo hago como mero ejercicio intelectual. Lo que me motiva es denunciar, una vez más, cómo el peso del aparato estatal anula por completo la legitimidad individual.

Lo que intento es provocar un debate sobre cómo devolver la relación entre sociedad e individuo a niveles más equitativos. Lo cual no está libre de problemas:

  • La tendencia natural de todo grupo social es, mediante la conservación del orden, asegurar la paz, la armonía y la estabilidad. Para ello se sirve de la moral, los rituales y la religión: la Tradición. Es ésta una tendencia útil y necesaria para hacer posible y dar valor a la vida en común. Nace de la legítima voluntad de cada individuo en busca de seguridad propia.
  • Esa tendencia se convierte, pero, con el tiempo y de forma más o menos inconsciente en un determinado sistema de Orden. Este sistema de Orden es aceptado sin plantearse en qué  medida cumple siempre los objetivos de los que nace. El Orden se autoalimenta, la moral se internaliza.
  • Frente a este Orden Social encontramos los valores individuales. Hablo de originalidad (frente a la tradición), pasión (frente a la norma social establecida), excelencia (frente a la jerarquía sobreordenada), creatividad (fente a “lo-que-siempre-ha-sido-así”) y el logos (frente a la fe) Éstos son los valores que nos convierten en actuántes de nuestra propia vida, absolutamente indispensables para el funcionamiento de una sociedad. De cualquier sociedad.
  • La tendencia de la sociedad y los valores individuales se encuentran, en no pocas ocasiones, en una situación de conflicto no solucionable por medio de una “sociedad ideal” o “perfecta”. Estamos ante un conflicto que debe permanecer para siempre pues sólo así aseguramos nuestra esencia: individuos en sociedad.

Ni el individualismo absoluto, ni la búsqueda de una sociedad ideal serán capaces de acercarnos a nuestros deseos (armonía, paz, seguridad) de manera más efectiva que un modelo en el que el diálogo entre los valores individuales y la tendencia social ocupen el lugar privilegiado que corresponde.

Y regresamos al problema del que partíamos: la justicia y su aplicación como ejemplo de la controversia entre el Orden internalizado y el individuo.

Nadie mejor que Kant para ayudarnos a dilucidar los términos en que se desarrolla el conflicto. Mirando su “Anthropologie in pragmatischer Absicht”, 1772-1796, Hamburg 1980, S. 287 podemos sacar las siguientes reglas:

A. Ley y Libertad sin Violencia (Anarquía).
B. Ley y Violencia sin Libertad (Dictadura).
C. Violencia sin Libertad ni Ley (Barbarismo).
D. Violencia con Libertad y Ley (República).

Lo que Kant denomina anarquía es lo que yo llamo anraquía inocente-utópica. Prefiero apoyarme en Rothbard, quien me permite estipular un sistema en el que es posible defenderse de la injusticia haciendo uso de la violencia pero sin necesidad de un ente que la monopolice. Mi clasificación quedaría así:

A. Ley y Libertad sin Violencia (Anarquía inocente-utópica. Todos somos buenos, nadie es violento).
B. Ley y Violencia sin Libertad (Dictadura).
C. Violencia sin Libertad ni Ley (Barbarismo).
D1. Monopolio de la Violencia con Libertad y Ley (República. El individuo deja de ser parte del conflicto).
D2. Agencias de seguridad privadas en competencia = Violencia con Libertad y Ley (República liberal).

El último modelo presenta un problema: y si las “agencias de seguridad” se convierten en bandas mafiosas? La naturaleza humana conlleva un aspecto que he olvidado conscientemente hasta ahora: la ambición por el Poder. Justamente la querencia por el Poder es el argumento que me separa de adoptar como propias y como las mejores las soluciones puristas anarquistas.

bravenewworld-headsIdealizar un problema, o su solución, no es el mejor camino para retomar el diálogo entre el Orden social del Estado y las necesidades del individuo. Pero renunciar a cualquier forma de diálogo acurrucándonos bajo el protector manto del Orden que tenemos supone anteponer el valor de lo social frente al valor de lo individual, error éste que es el padre y la madre de todas las dictaduras.

Por ello considero que el sistema judicial ha abandonado completamente la representación de la vícitima como único y verdadero agraviado por un agresor para convertirse exclusivamente en garante del orden social. Orden social en cuyo nombre el Estado crece y nosotros desaparecemos en el océano de números de los ordenadores de Hacienda.

Denunciando la absoluta impunidad con que el estado ignora la voluntad de una víctima no justifico la agresión ni protejo al agresor. En este caso ella pide el perdón de su violador … y si hubiese sido al revés? Si el Estado, su “Justicia” hubiese impuesto una pena al agresor que en ningún modo fuese mínimamente aceptada como reposición por la victima? Bueno, eso ocurre todos los días, lo denunciamos aquí también de vez en cuando, y nadie se rasga  las vestiduras. El principio que subyace a ambas decisiones es exactamente el mismo: la vícitima no es tenida en cuenta. El Orden subyuga al individuo. No existe el diálogo Orden Social-Individuo. Faltan pocos pasos para que aceptemos una dictadura como la mejor forma de protegernos. Pues que les (nos) vaya bien.