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¡No piensen en un elefante!

escrito por Germanico 20 julio, 2009

Si te dicen que no pienses en un elefante lo más probable es que no puedas dejar de pensar en él. De la misma forma, si discutes de política en los términos que tu adversario ideológico te presenta taimadamente, muy probablemente acabarás derrotado con la misma aceptación de su lenguaje. Esto puede que les recuerde a lo que sucede a diario en los debates entre nuestra izquierda y nuestra derecha patrias, en los que el lado derecho de la mesa siempre se disculpa y acepta los términos de el del izquierdo, pero es paradójicamente lo que un lingüista americano percibió –yo diría que erróneamente- que sufría la izquierda en EEUU a manos de la derecha.

Tras la derrota electoral del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales del 2004, George Lakoff, de la Universidad de California en Berkeley,  publicó su libro Don’t Think of an Elephant!, en el que argumentaba que los Republicanos debían su éxito a su habilidad para enmarcar adecuadamente sus mensajes. Así, hablaban de “alivio fiscal” para referirse a una reducción de impuestos, como si se tratara de la liberación de una pesada carga, y de “guerra contra el terror” a la campaña militar contra Afganistán primero e Irak después, como si estar contra dicha guerra constituyese una simpatía o al menos una condescendencia con el terrorismo.

Lakoff había dedicado muchos años, antes de saltar a la palestra política, a estudiar las metáforas conceptuales que hay implícitas en el lenguaje. Esto le había llevado a una conclusión bastante relativista:  que hay que rechazar toda noción de verdad objetiva o absoluta. En particular en la política todo sería una lucha entre distintas facciones, formadas por los partidarios de distintas metáforas, de distintos marcos conceptuales. De esta forma, en palabras de Lakoff: “la gente votaría por sus valores e identidades, incluso contra sus mejores intereses”. Entre nosotros, creo yo, esto sería votar desde el paro a quien lo ha creado, aunque imagino que Lakoff tendría otra idea en su cabeza.

La izquierda, a juicio de Lakoff, tenía que revisar su estrategia para volver a convencer al electorado americano. Hacía falta enmarcar las ideas de otra manera más sugestiva, envolver el regalo más ornamentadamente. Por ejemplo, al hablar de impuestos, en lugar de adoptar el marco conceptual de sus rivales Republicanos, que representa los impuestos como una desagradable carga, los Demócratas tenían que hablar de algo así como de las “cuotas de los socios” necesarias para mantener los servicios públicos de la sociedad.

Pronto emergió, de las cenizas de la derrota de los Demócratas, un Ave Fénix deslumbrante, Barack Obama. Lakoff quedó inmediatamente prendado de él:  “No sé si Obama me ha leído o no, pero da igual. Lo importante es que, acaso de forma instintiva, sabe lo que hay que hacer…. sabe enmarcar el debate”. El elegante Obama se hizo con la Presidencia de EEUU con un discurso eminentemente acorde con lo que Lakoff consideraba apropiado.

Básicamente, yo diría que estamos hablando de las raíces profundas de una nueva izquierda sin raíces. Una izquierda que ha perdido toda apariencia de tener un referente moral e intelectual tras derrumbarse la fachada y la prisión que constituían el Muro, y que se refugia en un discurso hueco, lleno de metáforas sin sentido, de bonitos marcos para conceptos vacíos, todo ello para lograr el poder y tomar los mandos del monstruo estatal y así hacerlo más grande y más fuerte a costa de los más débiles, que les seguirán votando obnubilados por sus metáforas complacientemente demagógicas. El diagnóstico de Lakoff era acertado no para referirse al pensamiento y la publicitación de las ideas de los Republicanos, sino más bien para hablar de la neolengua orwelliana de los propios Demócratas y de toda la izquierda moderna, y muy en particular la que a los sufridos españoles nos desgobierna, que ha leído con pasión e interés la Nueva Biblia Lakoffiana.

 

 

Cuando le hablen de un elefante piense en él cuanto quiera, imagínelo rosa, con alas, parlante, saltador de vallas, diminuto….pero no pierda de vista el hecho de que está divagando, y de que el único elefante que podrá aplastarle de forma contundente se llama Estado.