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La obsesión por el control

escrito por Germanico 30 abril, 2009

El poeta francés Arthur Rimbaud decía, en uno de sus crípticos poemas, que había que ser absolutamente moderno. Fue quizás esta radical forma de mirar a la realidad lo que le llevó, entre otras cosas, a unirse a la Comuna y a morir joven. Y en una democracia “moderna” dicha visión lleva a algo parecido a la gente: sienten un fuerte deseo de formar parte de una comunidad amplia que les proteja, y aspiran a vivir un eterno presente, al modo juvenil, matando al ser humano maduro que hay en potencia en cada uno –el cual asume responsabilidades y mira hacia el futuro-, tachándolo de viejo, carca y trasnochado.

Esta idolatría de la juventud y de la colectividad viene a sustituir a la fe tradicional en un Dios, y en general a toda forma de tradición. La absoluta modernidad cae en la arbitrariedad, puesto que los nuevos poderes que emanan de ella dictan lo que es bueno y lo que es malo sin atender ni a la experiencia de generaciones pasadas ni a la naturaleza humana. Y así surgen engendros tales como la Educación para la Ciudadanía, herramienta de adoctrinamientos en los valores de la modernidad y de las mayorías, pseudoideas y pseudovalores al servicio del poder del momento.

Con ella se pretende poner un cerco al rebaño humano para que no se desvíe. Pero se trata de un vano intento de poner puertas al campo. Las ovejas resultan ser además todas negras. No es que seamos malos por naturaleza, pero sería cándido del todo creer que somos buenos y que este pudiera de alguna forma ser el mejor de los mundos posibles. Y ningún Opio del pueblo o fantasmagórica definición y proyecto de Ciudadano podrá amansar a la fiera que tantas veces se esconde detrás de nuestra piel de cordero.

En mi último artículo en Libertad Digital hablo del atentado que supone la EpC contra nuestra naturaleza. Y aquí me gustaría mostrar la otra cara de la moneda, puesto que es también la naturaleza humana la que lleva a algunos a cometer esta clase de atentados. ¿Qué es lo que motiva a algunas personas para pergeñar el engendro diabólico de la Ciudadanía? ¿Qué hay en su naturaleza que les vuelve tan liberticidas y adoctrinadores? La respuesta es: la obsesión por el control.

El psicólogo David Geary, en su difícil pero riguroso libro de psicología evolucionista sobre el origen de la mente, habla de la motivación por el control, “una motivación básica para lograr cierto grado de control sobre las relaciones, los sucesos y los recursos significativos”. Esta habría evolucionado junto con los sistemas nerviosos, mecanismos que, al fin y a la postre, sirven a este fin de control del medio. En los humanos conscientes Geary sugiere que dicha motivación por el control llevaría a una especie de fantasía, “una simulación mental centrada en el yo de un mundo perfecto”, en el cual “el individuo es capaz de organizar y controlar los recursos sociales (p.ej., dinámicas social), biológicos (p.ej., acceso al alimento) y físicos (p.ej., refugio)”.

La obsesión por el control, que no sería otra cosa que una desviación enfermiza de esta tendencia por otro lado tan natural, podría llevarnos a soñar utopías y a pretender hacerlas realidad, cambiando la conciencia moral de los demás de forma tal que se adaptasen a nuestro “mundo perfecto”. No hace falta que señale la inequívoca relación entre este aspecto de nuestra naturaleza y el comportamiento de nuestra clase política en materia de adoctrinamiento, digo de Educación.