Home Liberalismo Y quién cuenta los muertos de los "verdes"?

Y quién cuenta los muertos de los "verdes"?

escrito por Luis I. Gómez 6 marzo, 2009

Leía ayer por la mañana un artículo de mi muy querido Michael Miersch en el diario Die Welt. Es tan acertado que me he puesto a traducirlo a vuelapluma para ustedes:

El sarampión ha vuelto a Europa. Mientras el número de fallecimientos por sarampión desciende en los países en vías de desarrollo ( 197.000 en 2007) aumenta de manera preocupante en los países occidentales. Los responsables de la Primera Conferencia Nacional sobre Vacunaciones en Mainz criticaron el “cansancio frente a la vacunación”. También la OMS se queja de un descenso en los niveles de vacunación. En Alemania y  Suiza son muchos los padres que rechazan las vacunas para sus hijos.

Y que culpa tienen los “verdes”? A primera vista ninguna. Los dirigentes del partido no pertenecen públicamente a ningún grupo anti-vacunas. Pero en la base hay un cruce de entornos. El movimiento antivacunas, dirigido por los antroposóficos, crece en los mismos barrios burgueses, en el mismo biotopo cuyo suelo está abonado de desprecio por la tecnología, superstición, pesimismo ante el futuro y romanticismo naturalista.  Una mezcla que Wybren Verstegen -historiador natural- llama “Green Thinking” (Pensamiento Verde). Renate Künast y Bärbel Höhn no tienen  reparos en alabar las esotéricas reglas de agricultor de Rudolf Steiner. No hay que dar un paso muy grande para creer también en los aspectos médicos de la antroposofía según Stenier.

Ya hace mucho que todos olvidamos cómo Joschka Fischer, Ministro de Medio Ambiente en Hessen allá por los 80,  boicoteó la producción de una insulina de mejor aplicación en diabéticos durante años porque estaba producida por métodos genéticos.  La empresa se tuvo que ir a Francia, desde donde se importaba la insulina para Alemania. Hubo que esperar hasta 1999 para ver la primera planta de producción en Alemania.  El “Pensamiento Verde” pretende proteger a la humanidad de los riesgos de las nuevas tecnologías. Ocurre que el precio de impedir el progreso suele ser, casi siempre, más alto.

El “Pensamiento Verde” no sólo ha encontrado arraigo entre los verdes, como podemos comprobar viendo el éxito de los enemigos de las tecnologías genéticas. Estos afirman -y se les cree- que el maíz mejorado por manipulación genética no tiene ninguna ventaja (los más militantes le asignan incluso propiedades negativas). Es innegable que las plantas de maíz trangénico se ven infinitamente menos afectadas por las micotoxinas que las plantas no alteradas genéticamente. Creo que a eso se le puede llamar una ventaja. En aquellos países donde el maíz es un alimento básico, las micotoxinas son las primeras responsables de los nacimientos de bebés con espina bífida. Recordemos el aplauso generalizado de los seguidores del “Pensamiento Verde” a la decisión del gobierno de Zambia de no importar maíz norteamericano para su población hambrienta, porque  se trataba de maíz transgénico.

Si lo que buscamos es mucha documentación sobre los efectos negativos del “Pensamiento Verde” no podemos obviar el tema del DDT, un presticida que, debido a las presiones de los pensadores verdes europeos y norteamericanos, dejó de utilizarse en los países menos desarrollados en la lucha contra la malaria. Gracias al DDT había descendido el número de fallecimientos por malaria en muchos países desde cuotas de varios miles y apenas unas docenas. Hoy vuelven a morir de malaria más de millón y medio de personas. Al contrario que el movimiento contra las vacunaciones, la lucha contra los alimentos transgénicos y contra el DDT no son fenómenos periféricos, forman parte del núcleo central del “Pensamiento Verde”.

El “Pensamiento Verde”, por medio de su supuesta superioridad moral, disfruta de claras ventajas a la hora de ganarse el afecto de la opinión pública. Como izquierdista es imposible trampear con Stalin o con Mao. Los conservadores alemanes sufren hoy todavía la vergüenza de haber ayudado a Hitler a llegar al poder. Todos tienen un cadáver en el sótano, y todos los sótanos quedan expuestos a los focos de la opinión pública de vez en cuando. Sólo los verdes han conseguido mantenerse en un estado de inocencia. Imagínense que  las víctimas del sarampión o de la malaria pudiesen ser atribuíbles a las ideas conservadoras o liberales. Cuántas películas, series y debates televisivos se hubiesen dedicado ya al tema?

La indefinición política del “Pensamiento Verde” es la que permite que el establishment del partido no necesite distanciarse de los anti-vacunas y otro tipo de extremistas. Se sonríe sobre ellos, pero se les mantiene en cierta medida, pues forman una nada despreciable parte de los electores. Cem Özdemir habla en estos últimos meses, de forma llamativamente frecuente, de “conservar la Creación”. Alguien debería preguntarle si los fallecidos de malaria, los hambrientos o los diabéticos pertenecen o no a esa Creación de la que habla.

Suscribo las palabras de Miersch al 100%