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Al-Qaeda: objetivo Pakistán, misión posible

escrito por Nora 28 febrero, 2009

pakistan-map1El extremismo islámico no es un fénomeno sólo actual, a pesar de que los medios de comunicación han contribuido a intentar hacernos ver que sí lo es, mezclándolo con otras cuestiones como la pobreza, la diferencia Norte-Sur y los procesos descolonizadores. Sin embargo, el actual extremismo islámico hunde sus raíces en el “redescubrimiento” del Islam y su relación con el concepto de unidad musulmana desarrollado principalmente durante el siglo XIX por parte de los ideólogos del Wahabismo en Arabia Saudí. Este concepto es clave para entender en primer lugar la noción de Jihad islámica y del Califato Islámico (la nación musulmana descrita como Dar-al-Islam o casa del Islam está en guerra permanente con la Casa de los infieles o Dar-al-Harb)  y en segundo lugar, la utilización de instrumentos que en principio no tenían nada que ver para lograr sus propios fines. Así por ejemplo, la ONU con las diferentes resoluciones que tienen por objeto la criminalización de la crítica a la religión, cualquiera que sea la forma en la que se desarrolle. Ahora han presentado una que será vinculante para todos los Estados si se aprueba.

Si hay algo que personalmente me ha preocupado, no son los hechos, salvo en tanto en cuanto estos significan algo o pueden decirnos qué ocurre en realidad, cuál es el camino que recorremos y a dónde vamos a ir. Sin embargo, sí me preocupan las ideas porque son ellas las que mueven a realizar unas acciones y no otras, porque son esas las que están justificadas y no otras. En la guerra contra el terrorismo (que ya no se llama así por obra y gracia de Su Presidencial Obama, que no ha dicho cómo la denominará a partir de ahora), precisamente es eso lo que ha fallado desde el principio: no se ha combatido de ninguna forma la ideología que sustenta los movimientos terroristas islámicos (en cuanto que basan su actividad en citas textuales de los textos sagrados islámicos y en la explicación que de estos han dado sus eruditos desde Mahoma) a lo largo y ancho del globo terráqueo. Desde el principio, se consideró que se debía combatir a los que ponen bombas o degüellan prisioneros (en su caso, a pesar de que también se han buscado justificaciones peregrinas como “el mar de injusticia universal” que todo lo anega) pero no la ideología que lo sustentaba, más allá de decir que Irán estaba en el “eje del mal“, en el que por cierto no está Arabia Saudí, a pesar de ser la cuna de la ideología wahabista y la financiadora del terrorismo islámico, si bien no de carácter oficial, junto con Emiratos Árabes Unidos o Qatar, sitios de los que provenía por ejemplo la financiación de los terroristas del 11-S, que contaban con becas oficiales de estudio en Alemania y en EEUU, aunque su aprovechamiento de las mismas fue muy escaso. Si es que eran para lo que decían que eran, porque algunos no sabían alemán, el inglés lo hablaban mal y además muchos de ellos ni siquiera terminaron los estudios que habían ido a realizar.

Pero el 11-S cambió la perspectiva del terrorismo islámico: hasta ese momento, los ataques terroristas habían ocurrido en lugares exóticos, como Kenia, Chechenia, Malasia o Tailandia. Era el problema de otros. Por supuesto, también habían tenido lugar en Israel, pero la consideración que parte del mundo occidental tiene de este último, no es precisamente la de alguien que no se merece ser golpeado por el terrorismo una y otra vez, con unas justificaciones que más que daño a Israel, dicen mucho de sus autores.

El 11-S se había producido sin un ataque previo de EEUU a ninguna nación musulmana. Tampoco había habido torturas ni detenciones ni escuchas que hubieran podido ser consideradas ilegales. Y sin embargo, EEUU fue atacado. Pero Bush no supo considerar la peor amenaza que no era la terrorista por los muertos o heridos que pueda causar, si no por los que se puedan evitar. Y evitar un ataque terrorista pasa por tres fases, a mi modesto entender: primero, eliminar la justificación del terrorismo (de modo que queden reducidos a lo que son: bandas de mafiosos que intentan conseguir por métodos violentos, lo que saben que no van a conseguir por otros medios); segundo, prevenir policialmente y por actividades contraterroristas las actividades de los que lo sean; y, tercero, juzgar y condenar a sus culpables de la manera más severa posible de modo que los terroristas perciban que el Estado cumple con su función de defensa de los ciudadanos.

Sin embargo, existe un problema: hay Estados que no sólo financian el terrorismo si no que brindan cobijo a sus autores, les envían armas y munición y, lo que es más importante, justifican o minimizan sus efectos. Y otros como el Estado afgano talibán, que directamente consideraba como medio legítimo para alcanzar el Califato Global. Obsesión, que comparten con los wahabistas saudíes, que lo esperan alcanzar por medios pacíficos (por ejemplo, mediante la utilización de las instituciones internacionales o mediante la demografía), mientras que Al-Qaeda y otros grupos terroristas inspirados por el Wahabismo, quieren conseguirlo por métodos violentos (por ejemplo, mediante el terrorismo). Digo que lo consideran como medio legítimo. Ahora bien, son los demás países, esos que no son partidarios de una conquista más o menos silenciosa o mediante el chantaje impuesto mediante el terror, los que debían demostrar que, no sólo no es legítimo, si no que además no es efectivo.

al_qaeda_09Durante estos años, Al-Qaeda ha tenido fracasos significativos, como la pérdida de Afganistán para los talibanes o la más reciente deserción de uno de sus padres fundadores que que ha hablado contra la perpetración de atentados en Occidente después de que se les ha brindado a los terroristas hospitalidad, con la consiguiente intranquilidad en el seno de la organización. Ahora bien, sus dirigentes sabían bien que no necesitaban reconquistar Afganistán, donde las fuerzas internacionales no se lo iban a poner fácil, si no que simplemente necesitaban aprovecharse de las propias debilidades internas de su vecino Pakistán para poder volver a la escena política. Pakistán, además, tenía (y tiene) tres ventajas fundamentales: primera, el servicio secreto ISI estaba manteniendo y entrenando en remotas zonas a los propios terroristas, sin control alguno del Gobierno; segunda, el contencioso indio-paquistaní por Cachemira había producido ya sus propios militantes islámicos; y tercera, el país poseía ya arsenal nuclear, algo que ilusionaba a Al-Qaeda que sabía que no podía atacar una central nuclear convencional porque estaban muy bien guardadas.

Así que, a partir de la pérdida de Afganistán para los Talibanes, Al-Qaeda se fijó como objetivo estratégico número 1 su propio resurgimiento de la mano de los talibanes en las zonas más remotas de Pakistán. Curiosamente, el valle de Swat ni siquiera limita con Afganistán, pero está bien situado. En determinadas áreas, ya se había introducido la Sharia y sus tribunales el pasado verano, basándose en que a la gente le gusta el orden y en que las labores de la administración pakistaní allí no eran ya efectivas. La caída de Musharraf, después de su intento de convertirse en dictador y de su contencioso con el Presidente del Tribunal Supremo, Iktifar Chakri, cuando éste investigaba unos casos de corrupción que podían salpicar a diversos integrantes del Gobierno, así como el asesinato de Benazir Bhutto, después de señalar que las dictaduras nutren a los terroristas y éstos a aquéllas, contribuyó a hacer cada vez más patente la debilidad del gobierno pakistaní que ni siquiera alcanzaba a las zonas remotas controladas por el ISI, donde residen también los integrantes de Lashkar-e-Toiba, el grupo terrorista responsable del atentado de Bombai del pasado año. Incluso se llegó a informar de que los talibanes estaban en la ciudad de Peshawar, uno de los núcleos culturales más importantes de Pakistán y que constituye un núcleo fundamental para el paso de los suministros a las tropas de la OTAN en Afganistán, en donde llevaron a cabo una campaña sistemática de persecución de todo lo que no fuera “islámico” según su versión, incluyendo las tiendas de música o los creyentes en el chiísmo. Después el ejército dijo que les habían expulsado de Peshawar pero no sobre las zonas de alrededor.

En los días pasados, los talibanes pidieron primero que se aplicara la Sharia con la consiguiente derogación de las leyes civiles en toda su extensión, incluidas aquellas que podían aminorar los abusos a los Derechos Humanos en el área. La zona constituía una de las más turísticas de Pakistán, se la conocía como la Suiza pakistanía, conocida por sus pistas de ski… hasta que llegaron ellos y comenzaron a degollar a los policías por las calles. Este reportaje de Al-Jazeera nos muestra el cambio:

El gobierno pakistaní aceptó las condiciones, a pesar de que los talibanes han explotado más de 175 colegios femeninos y masculinos en los últimos tiempos. Como era de esperar, ante la facilidad con la que el gobierno pakistaní accedió, pidieron más: la retirada del ejército pakistaní y la libertad de diversos militantes talibanes. El gobierno pakistaní ha aceptado lo primero ayer. Ya veremos lo que ocurre con los militantes talibanes en los próximos días.

Y los tres clanes de talibanes más importantes han hecho lo que se esperaba: decir que su modelo es Bin Laden y que consideran al Mulá Omar su líder.

Del mismo modo que los infieles judíos, cristianos e hindúes permanecen unidos contra los musulmanes particularmente contra los muyaidines bajo el liderazgo de los EEUU, los muyahidines han dejado de lado sus diferencias internas y se han unido“, han anunciado los talibaes, añadiendo: “Para hacer felices a los musulmanes en general y a los muyahidines en especial, los tres grupos de talibanes han formado un consejo de asesoramiento [Consejo de Unidad de los Mujahidines (Shura Ittihadul Mujahideen)] de 14 miembros para que gestione los intereses de la nueva alianza que será liderada por los tres comandantes talibanes que se rotarán entre ellos“.

Lo divertido

Mientras imponen su ley, sin que haya nada que los pare. Hasta la policía ha huído:

El Gobierno dice ahora que tiene un plan para “rescatar la zona de los talibanes”, lo que es algo “extraño” considerando que han sido ellos los que les han dejado tomar posesión de Swat y ahora irse extendiendo: Mardán, la ciudad incluida en el reportaje no pertenece a Swat, si no que está dentro de la zona directamente administrada por el Gobierno.

Algunos ya hablan de que Pakistán (no Afganistán) será el Vietnam de Obama. La pregunta correcta, creo, es cuáles serán las implicaciones para las tropas en misión en Afganistán, para la vecina India, para el terrorismo internacional y, lo que es más importante aún, para los planes totalitarios ligados al Califato Global y al dominio islámico a través del terror. Es cierto que sólo es una parte de Pakistán, pero si el gobierno pakistaní la ha entregado en menos de un mes, necesitamos preguntarnos cuánto tardará en dar lo demás si los talibanes lo piden.