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Pesimismo antropológico

escrito por Germanico 6 noviembre, 2008

Durante la época de Aznar padecí lo que podría calificarse de optimismo antropológico benigno. Parecía como si en el mundo se hubiera instalado ya una sensatez económica que tomara forma en la globalización y en la venta de empresas públicas, sensatez que más que un colectivo modo de pensar parecía asentarse en cimientos inconmovibles de prosperidad e inercia histórica. Las manifestaciones de la izquierda me parecían grotescos anacronismos y amalgamas de frustraciones, ambiciones y necedades variadas, algo pintoresco y ridículo, inoperante y condenado a extinguirse con el tiempo. Siendo España, como era, uno de los últimos reductos de la ideología en Occidente, que hubiera llegado al poder un partido de derechas, y que se aplicasen recetas liberales, me parecía un signo de los tiempos.

57559705_391776d4a1_1.jpgPero ni la izquierda patria ni la internacional descansaban. Lo que entonces parecían sus payasadas ha terminado por convertirse en el preludio de su hegemonía. El bufón se hizo Rey, para desgracia de todos. Y esto pone de manifiesto lo impredecible del futuro, de todo futuro. Que sea impredecible despierta las esperanzas de muchos, los que padecen el optimismo antropológico maligno, y la incertidumbre desasosegada en otros. ¿De qué nos sirve construir, trabajar, planificar, organizar, proyectarnos, en definitiva, en el futuro incierto, si una mano sucia nos retirará lo que obtengamos como fruto de nuestra previsión? ¿cómo podemos confiar en el progreso, si el hombre tiende a dispendiar lo que genera en el bolsillo roto del demagógico “todos”?

“Yes, We can”. No, no podemos. La lectura entre líneas de la historia, según pasa como una película, velozmente ante nuestros impávidos ojos, convierte en bien informado a un optimismo antropológico que, en el vacío de conocimientos sobre la naturaleza humana, tiende asintóticamente hacia el infinito.