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Al calor de la lumbre

escrito por Luis I. Gómez 2 octubre, 2008

– “Eso es discriminación”, contestó Puri mientras terminaba de escurrir la última media docena de croquetas.

Ramón había aparecido, periódico en mano y visiblemente alterado, en la cocina hacía apenas cinco minutos.

– “Pero tú has leído esto?”

– “El qué, mi vida”

– “Lo del anuncio ése de Hacienda y el tipo que dice que no abandona a su mujer por las croquetas que hace!”. Una vez conseguida la atención de “su” Puri, Ramón iba aumentando imperceptiblemente el tono de voz; que quedase bien clara su indignación.

– “Cómo pueden tener tan poca vergüenza! Es un grave error del equipo de Solbes, normal que Aído se viese en la obligación de intervenir. Para algo es Ministra de Igualdad!” continuaba Ramón dando rienda suelta a su monumental enfado.

– “Pues yo no lo veo tan claro, cariño”, le espetó Puri sin levantar la vista del plato con los huevos batidos en el que rebozaba abundantemente la masa que había preparado el día anterior. Colocó las croquetas en la sartén y mientras se limpiaba las manos, justo cuando Ramón iba a reiniciar su perorata, continuó hablando:

– “Sí, lo escuché el otro día en la radio y es verdad que el anuncio peca de falta de imaginación, lo cual demuestra una vez más con qué ligereza se gastan nuestros dineros quienes más deberían cuidar por ellos. Pero qué hay de malo en que un hombre recuerde, de vez en cuando, lo magníficas que son las croquetas que hace su mujer? Y qué hay de malo en que lo pregone en voz alta? Imagínate que hubiese dicho algo sobre lo bien que se lo hace en la cama. Escándalo! la mujer como objeto sexual. O que le mentase al psicólogo del anuncio las tierras heredadas en el pueblo por su querida señora. Vergüenza! Un materialista machista abusando de la propuedad de su cónyugue!”

– “Bueno, mujer, ya me estás sacando el tema de quicio. A tí te parecería bien si yo fuese diciendo por ahí lo buenas que son tus croquetas?”

– “Ah, pero no lo haces? Serás desagradecido!” y rió como sólo puede hacerlo quien sabe que acaba de atestar un buen golpe a su contrincante.

– “No me vengas con esas, que sabes que si tuvieses un trabajo yo jamás te exigiría que cocinases para nosotros”

– “Si tuviese un trabajo? Y qué diantres crees que hago todo el día, corazón? Mirar las tertulias de la cinco?”, visiblemente decepcionada, Puri se afanó en dar la vuelta a las croquetas intuyendo que de un lado ya tenían el dorado perfecto. “El problema no son las croquetas de mi tocaya, Ramón. El problema es otro. No se puede estar siempre a la contra. Fíjate: no basta con reconocer los derechos civiles de los homosexuales; para vender el asunto como Dios manda hay que ir en contra de quienes tienen una visión diferente de la familia. No basta con dignificar la memoria de los caídos en la ya lejana guerra civil, es necesario criminalizar a los de un bando. No basta con reconocerme a mí el derecho de hacer lo que me dé la gana, es necesario retirarte a tí tu derecho a alabar mis croquetas. Porque las croquetas, cocinar, es, dicen, un estereotipo anticuado en el que se nos encaja a las mujeres para seguir esclavizándonos. Como si yo hubiese estado esperando a la creación de un Ministerio de Igualdad para sentirme persona! Los políticos de hoy, Ramón, son ANTIS. El caso es ser anti-algo. Anti-americano, anti-G8, anti-Estado, anti-capitalista, anti-fumador, anti-fascista, anti-machista. Parece como si los políticos se pasasen horas buscando algo o alguien contra lo que levantar masas enfervorizadas, apoyos, votos. En su manifiesta incapacidad por generar nuevas espectativas recurren a la estigmatización de los defectos del otro como máximo exponente de su capacidad de acción. Y nosotros, claro, caemos en la trampa. Un movimiento que sólo encuentra seguidores por medio del uso y abuso de la mera oposición apenas podrá crecer si carece de enemigos. Y donde no los hay, se inventan.”

Ramón había dejado caer los brazos, de manera que el periódico casi llegaba al suelo. Aparte de varios “peros”, no había podido articular palabra … hasta ahora. “Y otra vez le das vuelta a la tortilla para que caiga donde mejor te conviene. Pero a tí te gustaría que yo fuese por ahí presumiendo de tus croquetas?”

– “Sólo si fuese mentira me molestaría, cariño” le interrumpió ella mientras sacaba con la escurridera las croquetas de la sartén.

– “Pero la discriminación de la mujer no es un invento, es un hecho real frente al que ya era hora que se hiciese algo”

– “Y qué crees que pone la Constitución? Que somos diferentes ante la ley? Que cualquier acto criminal que me afecte a mí quedará impune si lo comete un hombre? Sabías que si no te gustan las croquetas que acabo de hacer me basta con llamar a la policía diciendo que temo que me pegues para enviarte al calabozo a comer un combinado del chino de al lado? Eso es discriminación, Ramón”. Y tras una pausa durante la cual dispuso las croquetas en la bandeja y llamó a los niños a poner la mesa, levantó la mirada hacia su marido, aún bajo el quicio de la puerta de la cocina:

– “Yo no necesito de la ley más protección que la que la ley pueda darte a tí, corazón. Ayuda a los niños, anda, haz algo.”

Artículo original publicado en PEPSOE