El complejo antiamericano y otros complejos

No lo decía, pero lo traslucían sus palabras. Cuando la periodista le sugirió que en España éramos muy críticos con nuestros actores que triunfan en EEUU y le preguntó acto seguido por el recibimiento que tuvo tras ganar el Oscar a su regreso aquí, Bardem sacó su vena antiamericana proyectándola en los demás (quizás Freud nos explicara esta proyección): “Los españoles son duros. Critican mi trabajo y dicen que me vendí. Te dan ganas de decir: Parad! sois una pandilla de estúpidos. Pero al final no vas a ser del gusto de todos. Después del  Oscar regresé a Madrid, que es donde vivo. Quise regresar al mundo real. Luego de algo como los premios, cambias un poco, pero todos los que están a tu alrededor han cambiado tremendamente. Tienes que traerlos de regreso y demostrarles que sigues siendo el mismo tío estúpido y limitado y no ese Golden boy que creen“.

bardem_oscar.jpgTanto en la sugerencia de la periodista como en la respuesta de Bardem hay una presunción del todo discutible: los españoles vemos mal que un actor nuestro triunfe en Hollywood. Por supuesto de una Expaña que vota a ZP cabe esperar que, en su mayor parte, tenga sentimientos en el mejor de los casos ambiguos hacia el coloso americano, pero no creo que tuvieran suficientes elementos de juicio, ni él ni la periodista, para determinar que los españoles veamos con malos ojos el éxito en el sueño americano de nuestros actores y (recordemos) directores más progres.  ¿A qué colectivo, si no el español, se referían pues, implícitamente?: al de los mismos actores y directores, para más señas los que quedaron aquí, entregados a la sublime labor de hacer cine patrio.

No otros van a decirle a Bardem que se vendió. Tienen su circo montado los unos para los otros. Viven en un mundo cerrado. Así “se las gastan” los de las subvenciones, que no ganan el dinero por la vía de satisfacer al consumidor. El mismo Bardem decía poco antes, en la misma entrevista, que algunos actores trabajan por dinero, pero que esa no es su  prioridad para él: “…no tengo la necesidad de comprame muchos coches y casas. Desde que soy un tomate en el mercado, tengo un precio. Ellos tienen que pagar el precio, pero el dinero no es mi prioridad…“. Eligió el tomate, rojo, como ejemplo de producto mercantil. Al hacerlo comenzó por cosificarse, y convertir el mercado en un mercado exclusivamente de bienes, puramente material, tangible, casi se diría prosaico. Su espiritualidad, roja como el tomate, parece elevarse por encima de la condición del tomate para convertirle en un alma pura. El rojo del tomate sale del mismo, y el tomate queda en el estante de la frutería verdoso e inmaduro. Un qualia de rojo sube a lo alto. Él, Javier Bardem, es mucho más que un tomate en el mercado, no NECESITA (ojo al dato) ni muchos coches ni muchas casas. Sin embargo ese tomate, rojo rojo, resulta obedecer ciegamente a las leyes de la oferta y la demanda y tiene un precio, oiga. No es un precio barato, ciertamente. Es un precio que permite comprar muchos coches y muchas casas. Que eso sea lo que finalmente compre no tiene mayor relevancia. tio_gilito.jpgEs el poder de compra lo que cuenta. Uno puede dedicarse a lo más espiritual, puro, elevado, moral y humano bañándose en la montaña de monedas del tío Gilito (“el mismo típo estúpido y limitado y no ese Golden boy que creen“). Ahora bien, esas alturas no son las de la religión. El ateísmo y el anticlericalismo no deben de faltar. “No creo en Dios pero creo en Al Pacino” … haciendo una profesión de fe típicamente ateísta, Bardem nos recuerda que él es de otra pasta. Humanista pero humano, demasiado humano. Y de paso copia a Trueba, que dijo lo mismo pero de Billy Willder. Para él la religión es simplemente Teatro, Teatro del bueno, y, al serlo, resulta, por su falsedad, una realidad MALA. Y es que nuestro afamado actor “considera que la primera vez que estuvo en un escenario fue cuando fungía como monaguillo en la Iglesia“.

En fin: ¿qué más podríamos decir, si lo dice él todo?. Solamente hay que saber leer entre líneas.

Leído en nosotras.com

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Germanico

No hay aprendizaje sin error, ni tampoco acierto sin duda. En éste, nuestro mundo, hemos dado por sentadas demasiadas cosas. Y así nos va. Las ideologías y los eslóganes fáciles, los prejuicios y jucios sumarios, los procesos kafkianos al presunto disidente de las fes de moda, los ostracismos a quién sostenga un “pero” de duda razonable a cualquier aseveración generalmente aprobada (que no indudablemente probada), convierten el mundo en el que vivimos en un santuario para la pereza cognitiva y en un infierno para todos, pero especialmente para los que tratan de comprender cabalmente que es lo que realmente está sucediendo -nos está sucediendo.

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6 Comentarios

  • Pues no creo que interpretaras bien sus palabras. Javier Barden es una gran persona que se merece todo lo que ha conseguido, y lo que intenta decir es que a pesar del éxito no ha cambiado ni se ha vuelto arrogante, ni ha olvidado sus orígenes y sus amigos de siempre, especialmente a aquellos que no han sido tan afortunados. Unos artistas tienen más éxito y otros menos, pero todos tienen algo que contar y merecen un gran respeto., y Javier Bardem siempre se lo ha demostrado y tampoco ha dejado de ser una persona enormemente solidaria, sensible y comprometida.. sí, es una persona de izquierdas, ¿le llamas antiamericano? ¿porque le dices eso? ¿le ha hecho algún daño a los americanos?

    Un saludo :))

  • No, no le llamo antiamericano sensu stricto. Eso es algo que no se podría permitir. Hablo del complejo antiamericano que es -algo más complejo.

    No dudo que Bardem sea un tipo majete. Seguro que si me tomo una caña con él me lo paso estupendamente.

  • Tengo entendido que posteriormente ha hablado de “malas interpretaciones” de sus palabras y tal y tal.

    Y es lógico: Sus palabras son tremendamente confusas, pues se mete en jardines complicados por no llamar al pan, pan y al vino, vino. Probablemente derive todo de algún tipo de complejo como el que apuntas. No solo antiamericano, también parece que se excusa por ganar dinero

  • En efecfo, esa el la clave, Ijon