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Inconsecuente, pues

escrito por Luis I. Gómez 13 mayo, 2008

Cuando leí el lapidario último comentario de Isidoro en la entrada de Mardito Roedor, había decidido no responder. Tan obvio me parece lo desacertado del diagnóstico. Ocurre que, gracias a los diferentes dones y defectos que hemos ido cultivando en nuestras vidas, lo que para mí es obvio no tiene por qué serlo para nadie más.

Como ya tienen hoy en Red Liberal un post largo en el que se explican bastantes de las cosas que me suelen rondar la cabeza no voy a castigarles yo con otro ladrillo. Lean el fruto de las molestias que se ha tomado Berlín Smith en su confusa nocturnidad y encontrarán un buen retrato impresionista de lo que no creí yo necesario describir en la manera unamuniana. Baste con dejar dicho, más para mí que para ustedes, que releer lo que he escrito en este blog sobre libertades, individualidad, nación, estado, iglesias y mí mismo me permite reconfortarme en la seguridad de saberme bastante consecuente. No pienso hoy exactamente lo mismo que hace tres años y medio, pero no les he engañado nunca. Y a mí tampoco.

Quien quiera saber de qué va DE y quienes en él escriben, venga aquí y lea. Nuestros (mis) aciertos y desaciertos no los ha dictado nadie más que quien firma. Comparto escudo y nacionalidad en mi pasaporte con demasiadas personas (vivas y muertas) de quienes sí debería renegar y no por ello se me ha pasado por la cabeza convertirme en alemán, ni invitar a nadie a hacerse búlgaro.

Unamuniano… recuerden lo del tullido general …