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Campanadas para sordos

escrito por Luis I. Gómez 3 mayo, 2008

Mardito Roedor,

España es una nación de sordos. Cansados y amantes de los tópicos, desde los cuales, la imperiosidad de pensar apenas cuesta algo menos que lo que vale una cita. La historia convertida en novela histórica, invitándonos a pintar de ficción lo que nos duele, añorar lo que no fué y desdecir lo mil veces jurado. España es un eterno “Werdungsprozess”. No ha sido, no es, no nació en un entonces para morir en un después. España está siendo, estuvo siendo y estará siendo. Se equivocan, tienes razón, los maestros del reloj de arena, aprendices de magos en su baladí intento por encontrar el segundo del génesis, el momento del parto, el primer llanto. España no es justificable. La inevitabilidad de España no es voluntaria, ni inventada. Existe desde el momento en que es nombrada: es la semántica la que la hace inevitable. Dejemos los dramatismos para tiempos de gloria. Estos son tiempos de escoria. Es una época de sordos.

mapa_espana_rota.gif.pngLa madre de unos, la puta de otros, aún siendo, no crea, no actúa, no siente, no impera. Sólo los hijos (y los de puta) crean, sienten, actúan. La libertad no nace de la patria, ni se mantiene en la patria. Tampoco crece en la patria. La libertad necesita de la consciencia y la voluntad, algo de lo que carecen las naciones. La libertad necesita de alguien que pronuncie un “yo quiero serme libre”. Sin tapujos, sin dobles fondos, desde la contundencia de su realidad. La “falta de libertad” es una ilusión persistente. Esta superstición, la de la “no-libertad”, se basa en poderosas mentiras, según las cuales los hombres no determinan libremente sobre sus actos, sino una instancia exterior, las más de las veces superior e inaccesible. La más vieja de estas supersticiones es la de las fuerzas de la naturaleza, los fantasmas y demonios que determinan la acción humana. Los fantasmas y demonios del hombre moderno se esconden bajo nuevos nombres: clase, raza, pueblo, estado. Aquél que cree que la cultura, la prosperidad, la seguridad, la formación, la solidaridad sólo pueden ser generadas y administradas por un poder externo -el Estado, los Dioses, el pueblo- y no por la acción individual de cada uno de nosotros, aspirará a controlar este poder. Así nacen los Imperios, las naciones, las castas, las iglesias, los partidos políticos…

No hay pueblo, ni barrio, ni nación, … no hay España sin libertad. La historia nos enseña, pero, que la tentación de una España Grande (o una Gran Catalunya, Gran Galicia, Gran Euskadi, …) supera al sueño (?) de una España DE LIBRES. A mí me gusta España, y me gusta decirme español. Pero si me das a elegir entre ser español o ser libre, prefiero ser libre. Y cuando todos seamos libres, querremos ser españoles? Cuántos? Muchos? Pocos? Sabremos hacer uso de nuestra libertad para acudr en ayuda del vecino cuando este nos lo pida?

España no existe sin españoles libres que quieran serlo. Libres y españoles. Lo demás, querido, lo demás es novela histórica.

Tuyo,

Luis I. Gómez