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La ineficaz política de gestos

escrito por Luis I. Gómez 28 abril, 2008

eta.jpgY si toda la parafernalia montada alrededor de las “negociaciones de paz” con ETA no hubiese sido más que un gesto premeditado? Presuponer a los gestores de tal iniciativa consciencia apriorística de que nada iba a cambiar es, ciertamente, cuasi-ladino. Pero con el paso de los meses y el trancurrir de los acontecimientos, el desprecio y la desconfianza en los verdaderos ingenieros de la operación “Nobel de la Paz para Zapatero” van ganando peso en mi valoración del asunto. No dudo que muchos de los participantes en las famosas conversaciones celebradas bajo el amparo y paraguas legal de una resolución parlamentaria lo hicieran de “buena fe”. Es más, creo que la mayoría estaba convencida de que era posible repetir el proceso irlandés en clave vasca. Y ello no hace sino aumentar mi disgusto, pues no sólo yo me siento engañado, sino que sospecho que no pocos de los interlocutores jamás alcanzaron un nivel superior al de ignorantes comparsas en los diarios secretos de quienes diseñaban ya no los encuentros, sobre todo su repercusión mediática.

La repetición machacona del mensaje de moda: “ETA está acabada” no hace sino aumentar mis sospechas. Será por ello que no me sorprende en absoluto leer a fecha de hoy, cómo la presión del chantaje terrorista sobre los empresarios ubicados en País Vasco, lejos de decrecer en la misma medida con que nos anuncian ufanos el fin de la banda terrorista, aumenta siguiendo la dinámica denunciada por quienes, bajo la acusación de imposibilistas -incluso antidemócratas- desde un principio no creímos en una salida “negociada” al conflicto terrorista vasco.

Todo parece indicar que alguien ideó un gesto para marcar la primera legislatura de Rodríguez Zapatero. O un grupo de gestos políticos sin la más mínima relevancia en la vida real de las personas. Es una forma más de generar portadas, de mantener espectativas, una tabla de salvación ante cualquier otro contratiempo. Una disculpa. Premeditada. Y el resultado, no podía ser otro, es el de generar más desconfianza una vez que no se cumplen las expectativas, que los anuncios se queda sólo en eso. ETA está muy enraizada en un segmento (pequeño si quieren) de la sociedad vasca. En tanto que movimiento armado, sólo merece la acción armada como respuesta. Al sector que le da apoyo, sin embargo, no se le deben aplicar medidas coactivas.No cabe más que el debate abierto y contundente. Pero nadie parece tener el más mínimo interés en ese debate abierto en el seno de la sociedad vasca. Unos por miedo, otros por interés. Y así van pasando los meses, sin “derrota del terrorismo” pero también en ausencia de propuestas nuevas para el País Vasco. Y estas situaciones suelen terminar en un “o conmigo, o contra mí”.