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Lhasa no está en Oriente Medio

escrito por Luis I. Gómez 16 marzo, 2008

Precisamente por ello nadie, ni los filósofos del compadrismo, ni los pensionistas en sus bancos, ni los titiriteros en sus tarimas, ni los periodistas, ni los activistas de la paaazzz hablan de un “holocausto en el Tibet“. Bueno, nadie habla del Tibet excepto los tibetanos exiliados. Es evidente que, quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Y en este caso, el árbol palestino-irano-islamista tiene un indudable atractivo disuasorio, el tibetano-lamaísta no. Esa es la principal razón por la que la situación en el Tíbet les da igual a estos buenistas de lo realtivo: los tibetanos no secuestran aviones, no los dejan caer después en la casa de tu vecino, no vuelan trenes por el aire, no envían discapacitados suicidas a escuelas y bares y no toman rehenes para decapitarlos ante las cámaras. Además, se debe tratar con el debido respeto a esos mil millones de clientes potenciales, usuarios de Telefónica, conductores de SEAT (o VW) y consumidores de Chupa-Chups. Lo mejor es, pues, concentrarse en la “liberación” de Palestina y la consolidación del jomeinismo, no sea que por apartarnos del árbol de la paaaz nos lancen unos dátiles a la cabeza. Y si les llaman cobardes, no se preocupen, siempre podrán argumentar que la culpa es (conspiración!) del imperialismo USA. De ese modo abandonan los niveles de lo próximo (cualquiera puede ponerle una china en la argumentación) para saltar al limbo de lo metafísico, de lo hiperpolítico. Allí donde las palabras huecas no llaman la atención en medio de tanto vacío.