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Tensión

escrito por Luis I. Gómez 14 febrero, 2008

Es la consecuencia de la dialéctica del autoengaño. Acomodados en la autocomplacencia, ebrios de la magnificencia impostada desde los medios y la propaganda oficial, los votantes más viscerales (la visceralidad no es sinónimo de lo agresivo, es antónimo de lo reflexivo) del PSOE rebosan cereteza. España va bien, sonríe, canta, es alegre, … Para que votar?

Desde la cúpula del PSOE se sabe perfectamente que un porcentaje elevadísimo de sus simpatizantes entra en la categoría de votante visceral. Ese votante-simpatizante que jalea los susurros de Zapatero y, por tanto, creyéndose arropado, se mece en el sopor -una especie de estado hipnótico colectivo- del objetivo cumplido, en la promesa de que todo irá a mejor. Difícil tarea la de movilizar ese voto sin despertar a la bestia, sin romper el encanto a golpe de realidades. Está prohibido hacer propuestas pues, qué se puede proponer ya, qué enmendar en la línea cuasi-perfecta trazada hasta ahora? Nada.

Por eso necesitan “tensión”. No se trata de debatir si los paños en los que se arropa el durmiente fiel son blancos y cálidos, o sucios y ajados, o incluso inexistentes, pura ilusión. Por eso se rehuye el debate sobre propuestas concretas, reduciendo la campaña electoral a un sinfín de frases vacías, apenas eco de las ensoñaciones que se han querido inculcar en la víscera del votante. Debatir sobre lo cotidiano, salir de la fábula y adentrarse en lo material supone ofrecer al enemigo la posibilidad de evidenciar los propios defectos. La posibilidad de sustanciar la mentira.

No, el votante ha de continuar sedado, pero ha de votar. Y la “tensión” es la mejor forma de despertar al mono mientras descansa el sapiens. La violencia verbal, identificar al enemigo. Se necesita un dedo y un sujeto al que señalar. Mientras los votantes del PSOE estén ocupados en denunciar al malvado, al que pretende desarroparles, arrojarles de su comodidad al vacío de la incertidumbre, apenas si les queda tiempo -y, desde luego, ninguna neurona- para discernir sobre las irrealidades entre las que duermen su feliz ignorancia.

Tensión. Para poder seguir transformando la mentira en una nueva ilusión. Nada es más fácil que mentir al ilusionado. Nada más ruin que construir un “nosotros” a costa de todos los “yoes” -pisando todos los “tús”- Al final sólo quedan la nada … y el frío.