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Aviones de papel

escrito por Luis I. Gómez 31 agosto, 2007

En un mundo en el que es más fácil ser insultado que escuchado cuando manifestamos nuestras ideas, en el que los paseos nocturnos por calles desiertas dejan de ser solaz del alma para convertirse en desasosiego y temor, en el que es más facil vender a bajo precio la propia capacidad que administrarla uno mismo, en el que las mayorías incualificadas imponen sus criterios al genio individual, en un mundo así, lo más fácil es esconderse. Lo más fácil es callar.

El miedo a ser señalado por mil dedos, tocado con el sambenito acusador, arrojado al abismo del recelo como eterno sospechoso, mata. Y asistimos a la putrefacción de nuestro espíritu con esa moderna indiferencia aprendida viendo los « reality shows ». Cuando, en uno de los escasosmomentos de lucidez que nos regala el destino, recuperamos la consciencia de lo que nos está ocurriendo es, casi siempre, desolador. Por un instante somos capaces de observarnos tirados en medio de nuestras vidas, ahogados en nuestro propio vómito, apenas un manojo de huesos y carne, desnudos de sueños y sin hambre de mañana. Sólo el esfuerzo sobrehumano de autotranscenderse puede permitirnos resurgir, cual Ave Fenix, del supurado políticamente correcto en que nos hemos convertido.

Es duro. Se nos antoja imposible, como imposible es para el derrotado del que hablaba ayer pensar en otra cosa que no sea su próxima muerte. Su propia miseria. Es un error.

Aviones de papel. Intenten un « volcado » de sí mismos en cualquier hoja de papel y hagan con ella aviones de papel. Cientos, miles. Al principio, incluso lanzarlos supondrá un esfuerzo gigantesco. Luego vendrá lo más difícil : acertar con el leve hueco que aún nos comunica con el exterior. El ventanuco. Busque la luz, esa misma que le ha permitido la horrenda visión de sí mismo y la manufactura en penumbra de los primeros avioncitos. Siga su haz, le llevará a su propia ventana. Ahora lance sus aviones hasta que alguno logre escapar : el grito será tremendo, el dolor inmeso. Pero no dude que, a partir de ese momento su universo habrá cambiado. Para siempre. Irreversiblemente. Y sólo quedará satisfacción.

Otros como yo, yo mismo, lanzadores de aviones de papel como usted, estaremos esperando ávidos los suyos. Los recogeremos con la misma reverencia que deseamos para los nuestros y volveremos a lanzarlos. Miles, millones de aviones de papel reclamando dignidad, libertad, soberanía sobre la propia voluntad, hegemonía responsable sobre el universo propio. Autoreivindicándose.

No lo dude : empiece ya. Después de todo, quién no sabe hacer aviones de papel?

Dedicado a H (o *, o **, o como quiera que firme), comentarista de esta casa, lanzador de aviones de papel, compañero de soliloquios, orfebre inigualable de este blog. Las joyas son casi siempre suyas.