Nos vamos acostumbrando, desgraciadamente, a asistir semana sà y semana también a las más variopintas reacciones diplomáticas y periodÃsticas si de valorar temas de interés global se trata.
Llama poderosamente la atención la facilidad con que Putin llena las primeras planas de los periódicos declarando como, a su modo de ver, los EEUU planean reiniciar una guerra frÃa con su escudo de misiles. No sólo primeras planas, también el aplauso apenas contenido de muchos polÃticos en la vieja europa. Por el contrario, cuando el mismo Putin amenaza con dirigir sus misiles nucleares hacia diversos puntos de europa nadie parece mostrar el más mÃnimo interés. No hay primeras planas, ni reacciones oficiales por parte de ningún gobierno.
No nos extraña, pues, que alguno de los nuevos estados miembros de la Unión -los centroeuropeos y aquellos que se hallan algo más al este- terminen concluyendo que para la vieja guardia europea es más importante mantener buenas relaciones con Rusia que con sus socios novatos. Tampoco nos extraña que, en consecuencia, prefieran discutir de sus polÃticas de defensa con los representantes USA en lugar de con los “emputinizados” de Bruselas.
La historia acaba de empezar. El final incierto.
Desde luego, a raÃz de los acontecimientos de 1989/1990/1991, pidieron con toda celeridad el ingreso en la OTAN. No sé si lo pidieron antes o después de solicitar el ingreso en la UE, pero, desde luego, pusieron al ingreso en la OTAN prioridad máxima. Por algo era.
Tengo un par de amigos checos, polacos y letones. Lo tienen muy claro: su referente internacional está en Washington y no en Bruselas. Mientras Merkel sigue jugando a la chica buena con Putin.