O, lo que es lo mismo, un progre amante del pasado. No es una contradicción esto que escribo? Para mi no; para Valentà Puig tampoco:
LAS pasiones polÃticas a veces se perpetúan más allá de su escenario de origen y se enrocan en los nuevos paisajes. Entonces ya son viejas pasiones polÃticas, pero no siempre nos damos cuenta. Es el caso de los intentos legislativos sobre la «memoria histórica». Por eso le dan su apoyo los dos grupos polÃticos con el sistema genético más arcaico: eso es, lo que queda del PC y ERC. Ni en el propio PSOE existe unanimidad real al respecto. A parte de los recursos elásticos de CiU y PNV, los restos del naufragio y los despojos de la ERC de Macià y Companys que tanto contribuyó a la Cataluña autodestructiva son los mejores aliados del zapaterismo a la hora de destapar fosas. Según un registro más laberÃntico e indefinido, Herri Batasuna le sirve también como elemento de asociación. En un mundo «online», globalizado, en busca de nuevas formas de energÃa y de polÃticas transnacionales, ¿es el zapaterismo algo antiguo o una premonición del futuro polÃtico?
En la elección de sus asociados nacionales e internacionales, como se percibe con claridad en Iberoamérica, José Luis RodrÃguez Zapatero ha apostado por moldes viejos. Ni tan siquiera las nuevas formas polÃticas que se ensayan en el Partido Demócrata norteamericano parecen atraerle. Se dirÃa que le resulta más sugestivo Chávez que Lula. Le inspiran más los populismos indigenistas que la izquierda latinoamericana que con más o menos fortuna intenta fórmulas de crecimiento y equidad, en Chile o en Brasil. Lo mismo ocurre con su percepción de la derecha: más allá de las estrategias de arrinconamiento confunde al centro-derecha con la derecha extrema, en virtud de un retorno a procesos polÃticos que corresponden más a las circunstancias de los años treinta en España y en toda Europa que al mundo que se adapta a las realidades del siglo XXI. Es un caso paradigmático de pasión polÃtica anclada en el pasado, inamovible, irreductible, inmovilista. Siga leyendo.
Por cierto, han leÃdo ya el artÃculo de Gerardo Malespina? No? Pues no se a qué esperan!