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Retomando el pulso

escrito por Luis I. Gómez 9 febrero, 2007

Cuando hace apenas un mes decidí desempolvar “Desde el exilio” lo hice impulsado por la necesidad de compartir los innumerables momentos de indignación que marcaban el ritmo de mis lecturas a lo largo de la prensa nacional. Ignoro como se sienten ustedes al leer ciertas cosas desde casa. Sí les puedo asegurar que leer la prensa española desde el extranjero, con la ineludible referencia de la actualidad del país en el que se vive, es un ejercicio de mortificación si parangón.

No soy un mártir, no crean. Tampoco masoquista, y es por ello que no pocas veces renuncio a leer los panfletos (de uno y otro color) para mantener la calma que necesito en mi día a día. Lo cierto es que la cotidianeidad política alemana es tan absolutamente diferente de la española que, si me preguntan cuál es la mayor diferencia entre leer el “Süddeutsche Zeitung” y el “ABC” la respuesta es clara: el sobresalto. Y no me refiero a las páginas de sucesos, precisamente.

Pero no son los medios los culpables. Mejor dicho, no son los únicos culpables. Es imposible manipular – editorializar – una noticia si la noticia no existe o si las circunstancias políticas en las que se genera no dan pie a ello. Me explico. Asistimos a un efecto espiral, desde hace muchos años ya, sin que nadie se moleste en diagnosticarlo y erradicarlo. Las manifestaciones sesgadas de un político llevan al titular espectacular. El titular espectacular provoca una respuesta de otro político igualmente sesgada, nuevo titular, confrontación, sectarismo. Sí, ya lo sé, no vengan a explicarme que tras todo este andamio se construyen los tabiques del poder. Y que cada vecino pretende que su tabique sea más grueso y el cuarto más grande. Pero eso siempre ha sido así. Lo realmente criticable es el afán con el que los medios nos venden el andamio, la candidez con que los lectores nos olvidamos de lo que hay tras los andamios. A nadie le preocupa qué se construye (ni quien lo hace) tras las lonas que recubren el edificio. Discutimos del color de la lona, o del motivo que la decora.

Es irrelevante lo que quien quiera que sea opine sobre el caso De Juana. Lo único relevante son sus actos, la consiguiente condena por los mismos y el desarrollo de la misma según la norma legal vigente. Es cosa de los jueces, en los juzgados. No es cosa de los periodistas (o blogueros) en las radios-blogs-periódicos y demás papelería.

Es irrelevante cómo se llame el Ministro de Justicia, o a qué partido pertenece. Pero si en sus primeras declaraciones deja claro que usará su cargo no como mandato de TODOS los administrados, sino observando la Justicia desde su propia óptica ideológica, nos está insinuando que tras la lona se realizarán obras sin tener en cuenta la opinión de todos los inquilinos.

Es irrelevante si la tierra se calienta o se enfría. Interesante es ver cómo tras la lona de los discursos grandilocuentes y apocalípticos se generan nuevas estrucutras de poder social y económico basadas en un engaño. El día que se retire la lona será demasiado tarde.

No nos den más titulares espectaculares! para eso estoy yo, que soy un amateur de la peor calaña. Después de todo, yo leo de vez en cuando tres líneas mas allá del titular. La mayoría no lo hace.

Me voy unos dias con mi familia a la nieve. El miércoles próximo retomaré el titular fácil y chillón, el improperio visceral. Si lo digo claro no me entienden. Hay quien me aprecia y se pregunta si tendré una úlcera de estómago. No, de estómago no: la mía es una úlcera cerebral. O no.