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La UE y el acuerdo financiero

escrito por Luis I. Gómez 16 diciembre, 2005

Se puede comprender que el Ministro de Asuntos Exteriores alemán Steinmeier espere un acuerdo en la cumbre de la UE en Bruselas. Después de todo, el tiempo de que disponen los euroburócratas para la planificación de las finanzas del período 2007 – 2013 es cada vez menor y apremia encontrar soluciones. Otro fracaso en esta Cumbre dejaría a la UE en una más que difícil situación. Pero si, llegados a un acuerdo, los políticos pretendiesen vendérnoslo como fruto de la fuerza de integración del pensamiento europeo y de la capacidad de compromiso de los Estados de la Unión, nos estarían engañando una vez más. A estas alturas de la película, alcanzar un acuerdo – un recortito a los fondos de cohesión españoles por aquí, un mordisquito a los privilegios británicos por allá, otro reajuste de las subvenciones agrarias a Francia en este otro sitio – lo único que aumenta es la desconfianza de los ciudadanos ante el derroche de trucos diplomáticos en que se han convertido las últimas Cumbres de la UE..

Además, una planificación financiera razonable tampoco sirve para nada. ¿Que ocurriría en Gran Bretaña, si Blair renunciaba al absurdo “cheque británico”? ¿Qué dirían los franceses, si Chirac abandonase las locas ayudas agrícolas? ¿Qué dirían nuestros paisanos si Zapatero aceptase convertir España en contribuyente neto renunciando a los Fondos de Cohesión? Porque, no nos engañemos, ésas son las premisas para una financiación seria de esta cosa llamada UE. No, la UE no es capaz de despertar el sentido común de los ciudadanos de sus paises más importantes.

No es culpa de los ciudadanos. Los ciudadanos querrán reforzar la integración de Europa, sólamente si ésta reduce sus niveles de burocratización, si democratiza los mecanismos de poder y representación ciudadana y si, por fin, nos devuelve la calma de saber quienes son miembros, quienes no y pone fin a la orgía ampliacionista. Mientras tanto, sólo percibiremos presión política, tejemanejes diplomáticos y el espectáculo de tira-soga al que nos tienen acostumbrados.