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León (I)

escrito por Luis I. Gómez 13 octubre, 2005
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No es la primera vez que, a través de comentarios en esta bitácora, percibo con no poca perplejidad la ignoracia imperante en torno a todo lo leonés, sin duda fruto de más de 25 años de esfuerzo “educativo” por parte de PSOE y PP desde Madrid y de los partidos nacionalistas en otras partes de España. El resultado es la ammnesia selectiva de la mayor parte de los españoles en lo que se refiere a 320 años de su historia. 320 años que durá el Reino de León. 320 años que son mucho más que lo que la mayoría de los hoy firmantes de la Carta de Naciones Unidas pueden presentar en sus currícula.

Es palpable que existe una ocultación interesada de la historia leonesa por parte de la Junta de Castilla y León así como por los partidos que la sustentan. La historia siempre se ha dicho que la escriben los vencedores y a los leoneses desde hace ya demasiados años nos ha tocado estar en el bando de los derrotados.

Cuando desde el leonesismo se ha tratado de desenmascarar esa operación se nos ha venido a tachar de personas “partidistas” que desvirtuábamos la historia en beneficio de nuestro ideario particular. Por ello es importante que desde personas ajenas al leonesismo e incluso a León se recoja ese papel relevante que nuestra tierra ha tenido en la historia de España. Entiendo que no es casualidad que la monografía de Alfonso Sánchez Candeira publicada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1951 sobre “El Regnum Imperium Leonés” (y otras obras) sea absolutamente desconocida en nuestra tierra. La Junta se ha interesado en promocionar a los historiadores oficiales que se han encargado de hacer una historia y una cultura a su medida (también hay muchos oficialistas que se revisten con el ropaje de izquierdas o comunistas).

En la interesante obra de Candeira se dice “a los poderosos reyes de León se les fue dando por sus súbditos y extraños el calificativo de imperatores que designaba su pujanza, aunque no su supremacía sobre otros Estados peninsulares”. A la vez que nos aclara el concepto de lo que significaba “emperador” en la Edad Media: “Cuando se hace referencia al imperio no se piensa en el mando militar sino en lo que era el Estado universal romano en sus últimos tiempos. El imperator no es, por tanto, para el hombre medieval anterior a Carlomagno, un jefe militar, sino un jefe supremo de un Estado Cristiano universal”. La etimología nos indica que la propia denominación nos viene de la palabra mandar, gobernar. El sentido del Regnun Imperium Leonés se nos dice que surge de “la simple aspiración a reconstruir la unidad pérdida se transforma en una unidad hegemónica del Estado leonés, que en toda ocasión pretenderán ejercer sus soberanos sobre los demás reinos hispánicos. Y en esta idea hegemónica del reino de León se aviene perfectamente el concepto «imperio» tal y como se entendía en la Europa medieval; esto es, como “un organismo político unificador, verdadero superestado encaminado a crear una unidad del particularismo representado por los diversos reinos que dentro de él conservaban su independencia”.

La aspiración leonesa era “Crear una unidad nacional desde el respeto a la diversidad existente”. No estaría de más ver ese modelo leonés y analizar a través de él lo que es hoy el Estado de las Autonomías. Afírmar “la unidad en la pluralidad” es uno de los rasgos de ese modelo leonés. ¿No es necesario que hoy todos sepamos admitir que existe un “imperator” (Nación, Constitución) que marca la unidad de todos los españoles con independencia del territorio en el que vivan? A la vez, ¿no es fundamental saber distinguir la unidad de la uniformidad y saber hacer el reconocimiento de la pluralidad cultural y social de los pueblos de España? Tal vez podamos encontrar respuestas a los problemas que se derivan de la pluralidad española en el Regnun Imperium Leonés, si es que alguien se acuerda de que existe un pueblo que es el leonés.

Rogelio Pérez Bustamar en su tesis doctoral “El Gobierno y la Administración Territorial de Castilla” nos da cuenta que en la Corona de Castilla se incluían cinco grandes circunscripciones: Asturias, Galicia, Castilla, Andalucía o Frontera y Murcia. Es decir Castilla y León eran dos Reinos diferenciados también después de 1230 (y hasta la España de las Autonomías). León no tenía más puntos en común con Castilla de los que pudiera tener Murcía, Andalucía o Cataluña. Es por tanto tanto falso (aunque continuamente reiterado) que León y Castilla hayan formado una “unidad de destino a partir de 1230”. (Al respecto se pueden ver los mapas de España del siglo XV en donde se recoge la existencia del Reino de León en el que se incluyen León, Zamora, Salamanca, Asturias, Extremadura, en la Historia de España de R. Menéndez Pidal). Es por ello que de vez en cuando también nos alegremos de que alguien de Cartagena (Pérez Reverte) nos recuerde cosas como que el más importante tratado de

Cábala hebraica lo escribió un leonés o que la primera versión de la historia de Tristán se escribió en leonés y que ese idioma tuvo un enorme peso cultural en la Edad Media (cuando desde nuestra administración autonómica no recibe más que desprecio).

El actual marco autonómico carece de antecedentes históricos (nunca ha existido una unidad territorial “regional” o de administración común y específica para esas provincias). Los leoneses y los demás españoles deben saber quiénes son los que se inventan la historia acomodándola a sus intereses y sufragando las ediciones correspondientes con dinero público.

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