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Rajoy: por exceso

escrito por Luis I. Gómez 8 julio, 2005

En ocasiones es mejor no decir nada. Uno se calla y recapacita sobre lo escuchado. Rajoy debió haberlo hecho tras la eliminación de Madrid como candidata a los JJOO 2012, si lo prefieren pudo haberse limitado al tópico “otra vez será, éramos los mejores”.

Pero no. Tal como si de las declaraciones post-tertulia tabernaria de un Gómez cualquiera se tratase, olvida que la prensa está delante y lanza un:

”La pregunta del Príncipe Alberto de Mónaco no tenía ningún tipo de sentido”

No? Curioso. Acaso alguien que viene a mi casa con su hijo a pasar la tarde, que casualmente leyó hace tres días en el períódico que mi perro mordió a mi niña, no tiene derecho a preguntarme dónde está el perro? O si lo tengo atado?

Señor Rajoy, es encomiable su gesto hacia Gallardón y Aguirre. Yo también lo siento por Madrid y por España. Pero no me negará usted que la pregunta de Don Alberto estaba más que justificada. Y la disculpa de que “cualquiera puede recibir un ataque terrorista” no vale. Y no vale porque no es lo mismo tener al perro atado (se puede soltar, claro) que de paseo por el parque. Ya sé que usted no está en el gobierno, que “la suelta” no es cosa suya. Pero como hombre de Estado (Jefe de la Oposición), asuma la parte que le toca del pastel, más estando fuera de casa.

Lo dicho. En ocasiones es mejor seguir calladito y aprender de los propios errores.