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Respuesta a Andrés H. Gil von der Walde

escrito por Luis I. Gómez 6 abril, 2005

Estimado Andrés, gracias por tu lectura atenta y crítica de mis fabulaciones y fantasías blogísticas. Antes de nada decir que en absoluto entiendo tu crítica como negativa ni “intrusista”. Al contrario.

Lo primero corroborar tu impresión acertada sobre el verdadero significado del cuento. Éste del Erizo y la Liebre es, al menos en centroeuropa, uno de los ejemplos clásicos para ilustrar los principios del socialismo y la justificación de la lucha de clases.

Sin embargo he de discrepar contigo en algunas cosas (en negrita tu texto) :

La sociedad abierta popperiana, haciéndose eco de la realidad plural de los seres humanos, entiende que existe un abanico de posiciones éticas y morales tan amplio como número de personas haya, y que obligar a los demás a regirse por un código de valores que se supone mejor que el resto, no sólo es una muestra de fatal arrogancia, sino que es el germen de todo totalitarismo; sin embargo, reivindicar la diferencia como un valor no lo convierte a uno en un relativista.

Popper no era, en realidad, un liberal, sino un socialista. Me explico. (Entre paréntesis tomo y página de su obra « La sociedad abierta y sus enemigos » según la edición del Verlag Mohr Siebeck, Tübingen 2003)

Quienes son los enemigos de la “sociedad abierta” popperiana? El máximo enemigo para él es Platón. Según Popper podemos encontrar en Platón la antítesis perfecta de su sociedad abierta: “Ese sueño de Unión, Belleza, Perfección, ese Esteticismo, Holismo y Colectivismo, es causa y síntoma del ya perdido espíritu grupal de las sociedades tribales.” (1, 237)
Ésta es una acusación definitivamente exagerada. Bien es cierto que Platón reconocía y proclamaba las reglas severas de grupalidad bajo las que se regía la actividad de los « Vigilantes » y sus tropas. Así visto era un colectivista. Pero resulta que todas las organizacones militares son colectivistas. Platón limitaba su colectivismo a esa „clase superior“ de su estado.
Popper sin embargo es un colectivista totalitario. No se conforma con decirnos cómo debe de vivir su vida social un pequeño grupo de la sociedad, sino que pretende hacer extensivas sus ideas y conceptos a todos los individuos. Popper se ve a sí mismo como profeta de un „movimiento religioso“ que postula la „fe en las metas humanitarias“ (2, 229). La principal exigencia de esa “religión humanitaria” (2, 386) es la de la „hermandad de todos los hombres” (1, 220).
Popper intenta tansferir los principios de conducta válidos para la célula familiar a la sociedad al completo. Pero las sociedades modernas son demasiado complejas para existir bajo tales premisas. Hace muchos siglos, cuando el mundo estaba poblado por clanes primitivos sin apenas contacto entre ellos era posible considerar a todos los humanos « conocidos » como miembros de una gran familia. Cada uno aportaba según sus capacidades y recibía según sus necesidades. Sin embargo esta regla tampoco era aplicable entonces si se encontraban dos clanes desconocidos para realizar intercambios. Un intercambio voluntario sólo tiene lugar si aquello que se da corresponde con el valor de lo que se recibe.
Existen, pues, dos mundos diferentes, con dos morales diferentes. De un lado el mundo altruista de la familia, de otro el mundo interesado de los mercados, dónde sólo se generan relacciones si las partes (todas) pueden extraher un beneficio de las mismas. Muchas personas prefieren mantener los conceptos morales familiares y aplicarlos en la sociedad. De ahí nacen los principios de solidaridad, caridad y „estado social“ aplicados de forma absoluta.
“No es la caridad del carnicero, del cervecero o del panadero a la que debemos nuestra comida, sino a la defensa que ellos hacen de sus propios intereses.” Adam Smith
“Jamás he visto muchas cosas buenas de quienes manifestaban actuar movidos por el bién común.” Adam Smith
Ninguna sociedad desarrollada podría basarse en la „hermandad de todos los hombres“. La premisa moral fundamental de Popper destruye aquello que él pretende defender.
“Si quisiéramos aplicar las reglas del microcosmo (las reglas del clan o nuestra familia) al macrocosmo (la civilización), tal y como nos lo aconsejan nuestro instinto y nuestros sentimientos, no haríamos más que destruirlo.” Friedrich von Hayek
Popper sigue su instinto y sus sentimientos. Su empeño emocional por conservar los instintos de hermandad es una forma especialmente peligrosa de Atavismo. En nombre de la “hermandad” se han cometido grandes crímenes en la historia de la humanidad. Popper es más el « gran hermano » que el defensor de una sociedad abierta.
“Nadie puede ocuparse de todos los demás[…]. Decidir de quién y qué intereses son para el individuo importantes, es derecho y obligación fundamental del hombre libre”. Friedrich von Hayek
Lo curioso es que Popper es considerado como liberal. Pensemos que fué miembro de la Mont Pèlerin Society. Cuentan las malas lenguas que Ludwig von Mises abandonó una de las sesiones de la sociedad con las palabras: “Sois todos un montón de socialistas !”. A favor y en contra de qué se manifiesta una Organizacion que se autoproclama liberal, pero acoje en su seno a « técnicos sociales » como Popper?

No existe ningún mérito por parte de las liebres que les permita correr más, ni ningún demérito de los erizos que los condene a la lentitud. Todo se debe a la obra y gracia de la diosa suerte.

Perfecto. Yo en lugar de “diosa suerte” prefiero “genética y evolución”.

Es cierto que el mercado no evita (ni debe evitar, a mi entender) que existan personas mejor dotadas económica o intelectualmente. Estas dos características podrían convertir a sus poseedores en liebres potenciales, sin embargo discrepo para ambos casos. Para el primer caso: no sólo las personas especialmente inteligentes (lo suficiente como para ser un condicionante tan radical e infranqueable como el de las piernas largas) son estadísticamente escasísimas sino que un elevado coeficiente intelectual no garantiza ningún resultado. Me encanta una frase, juraría que de Einstein, que dice “mi éxito es 10% de inspiración y 90% de dedicación”. Existen multitud de determinantes del éxito mucho más poderosos que la inteligencia, y que pueden ser adquiridos en forma de conocimiento fundamentalmente práctico (sin desdeñar el teórico) como la empresarialidad, el trato con las personas, o la capacidad para intuir lo que la sociedad espera de uno. No parece que la inteligencia, a pesar de colaborar a la desigualdad, lo haga hasta el límite que plantean las piernas largas y las cortas.

Los trabjos publicados por Robert Plomin y sus colaboradores, del Instituto de Psiquiatría de Londres, describen que los factores genéticos son determinantes en la inteligencia y que este predominio persiste sin cambio en función de la edad de la persona.
Plomin desarrolló un interesante modelo que le permite llegar a esta conclusión. Para ello estudió mellizos ancianos de 80 años, divididos en dos grupos. El primero, formado por 110 mellizos idénticas (univitelinos), alertas mentalmente, que obviamente compartían el 100% de sus genes y los compara con otros grupos de l30 mellizos del mismo sexo y de la misma edad, pero no idénticos (mellizos fraternos), que tenía a lo menos el 50% de genes comunes. En todos ellos estudió las habilidades cognitivas, mediante un test que le permitía diferenciar en estos mellizos, los factores genéticos de lo ambiental.
Así pudo determinar, que los factores genéticos, a los ochenta años de edad, contribuían en un 62% en el desarrollo de las habilidades mentales, un porcentaje muy similar a lo que se encuentra en mellizos idénticos en edades de adolescentes y adultos jóvenes. El resultado ha sorprendido a muchos científicos, que esperaban que las experiencias de la vida, fuera gradualmente minimizando el rol que en la inteligencia puedan jugar los factores genéticos.
Con todo, los autores señalan que estos resultados no significan que las habilidades mentales estén fijadas rígidamente por nuestros genes, o que las experiencias sean irrelevantes en la medida que se envejece. Por el contrario, hay un 38% de factores que no se pueden explicar por la herencia y esto deja un margen muy amplio para que influyan los factores ambientales y los acontecimientos de la vida.
El „estado de bienestar social“ no puede alterar en ningún modo el reparto natural de talentos humanos. El hecho de facilitar un mayor nivel educacional a un número cada vez mayor de estudiantes facilita el principio de igualdad de oportunidades (principio que debemos defender) pero no cambia en absoluto el potencial intelectual propio de una sociedad. El aumento del número de personas con título universitario no se debe a que seamos más inteligentes, sino que hay más personas inteligentes y mayor facilidad de acceso a la educación. No existe un método pedagógico o didáctico que permita que un estudiante aprenda más de lo que su capacidad natural le permite.
Para los partidarios de las ideologías socializadoras surge entonces una incómoda situación:
aún habiendo alcanzado sus metas, esto es, la abolición de los privilegios por nacimiento, la igualdad absoluta ante la ley y la garantía de una educación igual para todos se encuentran con estratos sociales (religiosos, filosóficos, trabajadores, dirigentes…) que ya no serían fruto de la acción de la política o las ideas, sino reflejo de las diferencias reales naturales entre las personas. Ello es lo que convierte al igualitarismo en misión imposible.

Para el segundo caso (la gente rica), he de discrepar también. Todos somos conscientes de que nacer en una familia rica puede acarrear ventajas como asistir a colegios y universidades privados, garantizar la estabilidad psicológica con especialistas, o manejar una cantidad de dinero importante para las inversiones en satisfacer a tus conciudadanos; sin embargo, en el mercado el dinero vuela. Si no se le da un buen uso, todas las ventajas que puede aportar potencialmente se esfuman. Esto se debe a que el mercado premia el esfuerzo bien orientado, el “talento” por decirlo de alguna manera no demasiado correcta. Y puesto que el hijo de un rico no tiene porque tener más “talento” que el hijo de un pobre (por más que asista a colegios privados y maneje grandes herencias), la economía de mercado terminará dando los privilegios a quién mejor satisfaga las necesidades de sus conciudadanos con su “talento”, permitiendo a los hijos de las familias pobres prosperar.

El capitalismo es justo (absténganse los iusnaturalistas de lanzarse al teclado) porque genera oportunidades a todas las personas de prosperar dependiendo exclusivamente de su esfuerzo personal. A diferencia del resto de sistemas económicos o políticos, el capitalismo tiene la virtud de disolver la clase, el estamento social, y de premiar el esfuerzo por hacer algo que le interesa a los miembros de la sociedad.

Aquí, otra vez totalmente de acuerdo.

En otras palabras, las liebres no nacen sino que se hacen (en función de su esfuerzo) y la cuna es la peor manera de determinar la idoneidad de alguien para desempeñar que puesto. Es significativo que sea el largo de las piernas, algo con lo que se nace y que no se puede cambiar, el atributo que venga a representar el porque de las diferencias o desigualdades de riqueza y de desempeño. De hecho condiciona todo el cuento. Las liebres seguirán siendo de patas largas aunque no se esfuercen. Parece un elogio a la Duquesa de Alba frente a Amancio Ortega, a Lady Di frente a Madonna.

En otras palabras las liebres nacen con las piernas largas y depende de ellas obtener o no provecho de ello. Bajo la premisa de que el esfuerzo personal es el que ha de ser premiado y no los talentos de que se dispone, es perfectamente legítimo reconocerle a la liebre sus piernas en la medida en que las utilice para hacer algo que le interesa a los miembros de la sociedad. No se trata de desmerecer al erizo, sino de establecer la diferencia en la función, en la oferta.

He de decir también que, dado que las liebres nacen mejor dotadas para la carrera, el cuento genera una ética del no-esfuerzo. Como la inteligencia, la pericia o la riqueza determinan qué posición vamos a tener y cuál es el techo al que podemos aspirar, mejor no esforzarnos demasiado. Va a servir de poco.

Ésta es una interpretación típicamente marxista del cuento. Yo prefiero pensar que la liebre debe de obtener el máximo provecho de su dote. De no ser así, terminará por engordar las listas de las oficinas de empleo (en un estado socialista) o en la miseria fruto de su negligencia.

Quisiera decir también que hubiera preferido que el erizo, cuando la liebre le dice que no malgaste su tiempo paseando porque sus patas se pueden emplear para algo más eficiente, le hubiera contestado que él se autorrealiza como mejor le viene en gana y que le importa un pito si pasear es más improductivo que otras actividades.

Y para terminar volvemos a estar de acuerdo, porque éso es precisamente lo que le dije a mi pequeña.

Un saludo, amigo Andrés.

  • Siempre a tu disposición, Milton. Lo de no tener tiempo me resulta familiar. No hay problema. Actualiza lo que quieras y como quieras. Por cierto, sobre Popper no vamos a ponernos de acuerdo 😉 creo…

    Saludos

  • Hola Luis, me vas a perdonar pero no voy a poder contestar a tu anotación hasta mañana por la noche. Te juro que no es falta de interés ni desprecio sino que se me echa el tiempo encima. Me he puesto, imprudentemente, a contestar a la gente en otra anotación bastante polémica y he gastado todo el tiempo que tenía pensado para contestar a esta. El caso es que mañana tengo que hacer una ponencia y el fin de semana me voy de viaje con mi novia a Berlín, por lo que ando un tanto liado.

    De todas maneras, ya te adelanto que va a ser una anotación para intentar encontrar puntos de apoyatura comunes y para sacar algún tipo de conclusón. Todo con talante constructivo, demostrando que no se critica por criticar sino con un fin concreto: la mejora de nuestras posiciones iniciales.

    He de decirte que caso a parte me merece tu valoración sobre Popper. Me gustaría dedicar una anotación independiente a la justificación del no-socialismo y sí-liberalismo de Popper. Espero que a primeros de la semana que viene, a mi vuelta de Berlín (vuelvo el Lunes, es decir, espero que para el Martes o el Miercoles) esté lista para publicar.

    Por último, quería pedirte permiso para actualizar mi anotación, incluyendo a continuación esta respuesta tuya.

    Nada más. Un placer debatir con una persona tan abierta y de tan buen talante.

    Un saludo, amigo.