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A mis lectores socialistas

escrito por Luis I. Gómez 25 marzo, 2005

No voy a perderme en la discusión baldía sobre si mis posturas son liberales, fascistas, conservadoras, …. qué se yo. Quien quiera puede leer al respecto lo que ya escribí aquí y aquí.

Soy, ante todo, partidario de un Miniestado, pues considero que las actuales formas de estado (todas) no facilitan el desarrollo de mi persona en una sociedad libre.

El Miniestado tienen muchos enemigos. El liberalismo en el que creo se caracteriza por defender la igualdad de todos los individuos ante la ley. De ello se desprende que nadie debería verse perjudicado o beneficiado por el Estado. Sin embargo, una de las características propias de nuestro sistema político radica en la obtención de ventajas de un grupo respecto a los grupos más débiles (políticamente hablando). Magníficos ejemplos de ello son las subvenciones nacionales para los sindicatos privilegiados o las medidas restrictivas de la competitividad en favor de quienes están en condiciones de ejercer mayor presión política (empresas, medios, asociaciones profesionales). También los chantajes a los que se ven sometido los partidos “grandes” por otros más “pequeños”.

Para que se me entienda. Si se plantease un Miniestado libre de privilegios, qué reacción podríamos esperar de, por ejemplo:

– un agricultor, cuyos ingresos proceden en más de un tercio de las subvenciones estatales,
– un farmaceútico, que realiza la mayor parte de sus ingresos gracias a una situación de monopolio favorecida por el estado,
– un abogado, perfectamente consciente de que, y dado el gran número de colegas, sin un libro de minutas apoyado por su colegio profesional y el estado, podría verse obligado a cerrar el bufete,
– un actor, probablemente en el paro sin las subvenciones estatales al cine y el teatro,
– un clérigo católico, por ejemplo, en mejores condiciones de “seguridad salarial”(concordato) que un clérigo protestante o adventista.
– un partido minoritario sin posibilidad de recurrir al chantaje político porque no podría obtener beneficios de tal chantaje.

La lista podría alargarse mucho más. En nuestra sociedad politizada todos intentamos obtener ventajas a costa de otros con la ayuda del Estado. El liberalismo propone por el contrario situar el “mercado libre” allí donde hay estado. Un mercado libre en el que sólo tengan lugar transacciones voluntarias que sean ventajosas para los contrahentes.

Planteo las siguientes preguntas:

1. Qué es preferible, un Estado que premie a unos a costa de otros o un Estado que dé un tratamiento a todos por igual?
2. Es mejor cobrar por mor de un privilegio regalado por el estado o hacerlo por el fruto de lo realmente producido?
3. Es preferible un sociedad politizada a una sociedad libre del chantaje de los políticos?

En el fondo, lo que tenemos es pánico a la libre competencia. Y ello es así, no por ser de derechas o de izquierdas (para usar cajones de sastre fácilmente reconocibles), sino porque hacemos gala de una falta absoluta de fe en nuestras propias posibilidades, en nuestra “competitividad”.
Los socialistas intentan transferir las relaciones del aparato del Estado a toda la sociedad. El socialismo es, en el fondo, un proyecto para conseguir el estatuto de funcionario para todo el mundo. Lo que ocurre es que los sectores productivos estatales y los vinculados a éstos no tienen derecho moral a una posición privilegiada en relación con el resto de la sociedad.

En otras palabras: en cualquier sociedad en la que falte un mínimo de fé en las propias posibilidades, terminará por imponerse el funcionariado estatalista como forma de vida.

Aquí planteo las siguientes cuestiones:

1. Quién cree el lector que domina realmente un mercado, los productores o los consumidores?
2. Tengo confianza en mí mismo y mis posibilidades?
3. Soy de los que están dispuestos a generar riqueza para mí y los demás?
4. Tengo miedo de la competencia o soy capaz de aceptar riesgos?

Para terminar, traigo al recuerdo del ávido lector (si es que aún queda alguno leyendo) unas palabras de Le Bon intentando caracterizar el concepto de masa social:

– Unité mentale. La personalidad consciente desaparece, la individualidad se pierde, la uniformidad prevalece, todos los miembros de un grupo actúan conformes con el dictamen de la mayoría. La mayoría es más que el total de sus partes, ya que los miembros de una mayoría se comportan de manera diferente a como lo harían estando solos.
– Contagion mentale. Contagio mental
– Suggestibilité. Sugestibilidad
– Impulsivité – irritabilité. La masa es el jugete favorito de los estímulos externos.
– Autoritarisme.

En épocas pasadas, los hombres experimentaron sus etapas de desarrollo en pequeños grupos, en los cuales cada uno debía jugar un papel fijado precisamente por una tradición. La estructura social de “la Tribu” no era alterable, no se cuestionaban jerarquías ni conceptos. Las decisiones se tomaban tras consultar los Chamanes o los líderes con los dioses, nunca tras consultar a los miembros del grupo. La propiedad privada era casi desconocida hasta el aparición de la cultura griega. Cualquier vuelta a una cultura de masas no puede ser más que un regreso hacia aquellas etapas evolutivas del desarrollo humano, en las que la voluntad de unos pocos privilegiados dictaba la actuación del resto.

Es esto lo que realmente queremos?