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Me ahogan las malas maneras

escrito por Luis I. Gómez 24 enero, 2005

De forma intuitiva y casi sin darme cuenta creo haber descubierto que la tierra es redonda. Que las manzanas caen del árbol. Que el sol sale por el este. Que esta partitocracia que impera en España nos está destrozando, enajenando,
dividiendo en definitiva.

Los señores del PSOE, los de ERC, los del PNV, los de IU, los “demócratas” ya se han dado cuenta de ello. El 14.M dejó tocada a la derecha. La maniobra manipuladora dió sus frutos y por fin pueden libar de las jaleas del poder. Poder para qué ? Para devolver al país la unidad rota tras los insultos, las agresiones en torno a una guerra que para la mayoría no era la nuestra? Para reinstaurar la pluralidad en la prensa nacional legislando contra los monopolios informativos? Para seguir en el camino de desestatalización de la economía y la sociedad españolas? No, no y no. Poder, por fin, de nuevo, para sacar el Dorian Grey que todos llevamos dentro y humillar al caído (todos los demócratas hacen frente común, pero no convoqueis al PP); poder para reemprender la lucha anticlerical que todos creíamos zanjada (no tiene nada que ver con la iglesia católica, si la mayoría de los españoles fuésemos musulmanes hoy estaríamos discutiendo sobre si es de pago rezar en la calle o no, pues “rezar en la calle es un privilegio que no tienen los 600.000 católicos de España, que también son ciudadanos”, dirían sin importarles los 1300 años de cultura musulmana); poder para asentar aún más la política de “medios afines”, porque ya se sabe, el nuestro es un país en el que se lee poco y se entiende menos: los cuatro que tienen criterio no son relevantes en número de votos y a los demás les basta con discutir en el bar, ver la tele y leer los titulares. Poder para legislar la completa sumisión de las ONG’s, porque las iniciativas civiles, las que vienen de abajo, si son independientes tendrían capacidad de crítica, y la crítica genera criterio y el criterio opiniones y la opinión pluralidad y eso resta votos. Poder para difamar, acallar, a todo aquel que no piense como ellos.

Yo he votado al PSOE, al PP y la UPL. No se puede decir que sea un ejemplo de votante consecuente. En realidad voto a quien creo que, de forma puntual, mejor representará mis inquietudes del momento. El voto útil no existe para mí. Tras las tibiezas de la UCD creí que el país necesitaba una catarsis y voté al PSOE. Tras ver cómo estos dilapidaban el poder, aniquilaban la economía del país y encima robaban, voté al PP. En las últimas elecciones, quise dar a mi voto un color localista(voté a la UPL, pues yo seré muchas cosas, pero jamás castellano, otro día explicaré por qué), pues no quería (que ingenuo fuí) entrar en la discusión de guerra si, guerra no. No quería creer que la política de estabilidad y crecimiento economico, de asentamiento de los derechos individuales, de lucha contra el terrorismo, de recuperación del prestigio internacional llevada acabo por el PP pudiera ser puesta en entredicho. Me equivoqué.

Tal vez porque pensé que mis paisanos son ya tan maduros como quienes ahora comparten mi vida (los alemanes) y, a la hora de votar, no votarían colores sino políticas. Me equivoqué.
Seguimos votando colores, seguimos insultando al otro. Seguimos reduciendo nuestro quehacer político al nivel de “charla de bar”. Somos el país del chiringuito. Y los amigos del PSOE lo saben. Y lo utilizan. Porque no es prioritario el bienestar de todos los españoles, no es prioritaria la constitución. La única prioridad es no bajarse del burro. No pongo en cuestión el fondo de las políticas del PSOE, aunque no las comparta. Todo patido político se afana en llegar al poder para demostrar que su programa es el más válido, porque están convencidos de ello. Esto es así en en todos los partidos políticos, sin excepción y es totalmente legítimo.

Lo que denuncio, lo que no comparto, lo que me hastía hasta la náusea son las formas neototalitarias que están utilizando.

No soy escritor, mi prosa es emocional e incalculada, pero tengo una voz y la voy a utilizar.