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Etnicismo, Racismo y Liberalismo

escrito por Luis I. Gómez 22 enero, 2005

El Pensamiento en categorías de “razas” se considera generalmente como una invención occidental, que alcanzó las otras partes del mundo en el curso de la expansión colonial. El historiados africanista Jonathan Glassman nos demuestra que esto no es así. Examina las raíces intelectuales del pensamiento racista en Zanzibar. Allí, en la noche anterior a la declaración de Independencia en 1964, tuvieron lugar violentos enfrentamientos entre grupos etnicos que se autoconsideraban “razas”: los de “raza africana” y los de “raza árabe”, (Glassman, Jonathan, “Slower Than a Massacre: The Multiple Sources of Racial Thought in Colonial Africa”, in: American Historical Review, Bd.109, Heft 3, Juni 2004).

En los últimos años el movimiento intelectual africano ha abandonado poco a poco las ópticas desde las que sucesos similares siempre habían sido etiquetados como “tribales” o “subnacionalistas”. Paralelamente crece el escepticismo entre los investigadores frente a los paradigmas dominantes en lo referente a las teorías de la “invención del Etnicismo y de la Tradición”. Cada véz está más claro que el concepto de Etnicismo no es una construcción ideológica exclusiva de los europeos, como afirmaron muchos años lo políticos y pensadores africanos. El pensamiento étnico en África tiene incontables fuentes.

Lo curioso es que “Racismo” y “Etnicismo” no son conceptos en modo alguno tan diferentes. De hecho comparten los dos principios centrales que les caracterizan:

– uno, suponer que la Humanidad consiste en un sistema de “pueblos claramente distinguibles”, en el que cada uno posee una cultura auténtica y homogénea, y

– dos, la metáfora del origen.

El estudio de Glassmann nos demuestra sin embargo, que tras los conflictos “etnicistas” o “racistas” no subyacen ninguno de éstos dos principios. La razón de ello radica en el hecho de la educación como tal. Cuantos más intelectuales haya en los distintos “pueblos” que forman la humanidad, más relevantes serán los movimientos ecumenistas.
Los conflictos tienen, pues, otros orígenes: en su ejemplo, la élite “árabe” de Zanzibar miraba en la población “africana” de la isla – muchos de ellos descendientes de esclavos – como gentes inferiores. Los representantes políticos de la “African Association” incitaban al odio contra los “tratantes de esclavos árabes”. El conflicto social terminó articulándose en parámetros racistas.
Los funcionarios coloniales británicos, los filósofos occidentales y sus conceptos de la superioridad blanca no desempeñaron papel alguno en aquel conflicto.

La pregunta que debemos hacernos es, en qué estado de conflictividad “socio-etnicista” se encuentran los procesos socio-políticos que hoy nos ocupan:

– conflicto Israel-Palestina (véanlo por favor desde la óptica “zanzibareña”)
– conflicto países demócratas (ricos)-países no demócratas (teocracias pobres)
– resurgimiento de los micronacionalismos en Europa (Balcanes, Italia, España)

Desde mi punto de vista, toda política liberal debería sustraerse de qualquier intento de dogmatización social (ya sea religiosa, política, cultural) para eliminar los argumentos diferenciadores, al tiempo que ahonda en el desarrollo personal, favoreciendo así los movimientos ecumenizantes.