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A vueltas con la precipitación

escrito por Luis I. Gómez 15 enero, 2005

Cuidado, las mejores digestiones son aquellas que discurren ni muy deprisa, ni muy despacio. El plato que se nos sirve es tremendamente fuerte: independentismo del PNV y socios, aliñado con aparente intransigencia del PP sobre fondo de pamplinas (aparentes también) socialistas. Y de postre carta de confraterninación político-institucional de Batasuna. Casi nada. El gourmet más experimentado pediría entre plato y plato un sorbet de limón y un licor de hierbas con el postre, por aquello de ayudar a los enzimas. Se impone un proceso de análisis concienzudo de todas las palabras y gestos de los últimos dos días. Una reposada valoración de pros y contras. Un uso meticuloso de los criterios tan dolorosamente obtenidos a lo largo de nuestra historia, no sólo de la reciente. Qué pretende realmente el PNV? Porqué parece el PSOE un mar de dudas? Es el PP tan maniqueo en sus planteamientos? Lo de Batasuna, es un grito desesperado, un último exabrupto antes de expirar? Calma. No podemos precipitarnos. Está en juego el futuro constitucional de nuestro país.

Pues no, nada de calma, la prensa patria ya se ha lanzado en una carrera de especulaciones. A ver quien es el primero en acertar con el diagnóstico.

En El Periodico se conmina a Rajoy, ERC e Ibarreche a actuar como estadistas en respuesta a la vuelta del hijo pródigo Otegi. Sobre la posibilidad de que los contenidos de la carta de Batasuna no sean sino palabras que el viento lleva (como las treguas, como los pactos, todos rotos, como….) ni un comentario. Deprisa, deprisa, es una oportunidad histórica, dice el mismo rotativo.

En El Mundo leemos la siguiente frase, fruto de la irreflexión total: ” Jamás Batasuna había utilizado un tono semejante, de suerte que si hubiera que juzgar esta carta por su literalidad, podríamos llegar a la conclusión de que las posiciones de la izquierda abertzale son más moderadas que las del PNV y las expresadas en el plan Ibarretxe.” Luego lo relativizan, pero lo dicho, dicho está.

En fin, esperemos que los caballos no se desboquen, que ya se sabe que los españoles leemos poco el peródico. Mi pena es no poder escuchar desde aqui la radio. Lo que daría yo por poder oír estos días la COPE, la SER y Onda Cero. Pero no puede ser. A lo mejor resulta que es bueno. A lo mejor resulta que sin radio puedo mantenerme libre de influencias que desdibujen mi criterio.